Solo el 11% de las muyer saldría con un hombre que gane menos
Imagínese la escena: segunda cita, bar de barrio, tercer gin-tonic, y ella suelta la pregunta de siempre. A qué te dedicas. Traducción simultánea: cuánto ganas. Un sondeo difundido por el New York Post cifra en solo el 11% las muyer dispuestas a emparejarse con alguien de ingresos inferiores a los suyos. El 89% restante, en consecuencia, pone el listón salarial por encima del propio. No es una sorpresa estadística: es la confirmación numérica de algo que cualquiera intuye en la primera ronda.
Qué explica el dato y qué se le escapa
El número admite dos lecturas y conviene no confundirlas con una sentencia sarracena. Una es biológica: emparejarse con quien tiene más recursos sería una estrategia de supervivencia heredada, la misma que opera en el resto del reino animal. La otra es puramente económica. Con más muyer que nunca ganando un salario propio, elegir hacia abajo deja de ser gratis: implica asumir un coste real de oportunidad, no un capricho.
Hay un matiz que suele quedar fuera del titular. La preferencia declarada en una encuesta no equivale a la decisión que se toma a las dos de la mañana. El físico, el humor o el simple azar pesan más que el extracto bancario en el momento de la verdad — el pedido de Reyes siempre acaba ajustándose a lo que hay en la tienda.
Y aun así, el 11% sigue siendo un 11%. Ahí queda la cifra, sin red y sin adjetivos.