El ISIS reivindica Moscú: 143 muertos y alertas ignoradas
La tarde del viernes, al menos cinco personas con ropa de camuflaje y rifles de asalto entraron en el Crocus City Hall, una sala de conciertos a las afueras de Moscú, y abrieron fuego contra el público. El balance provisional es de
143 muertos y decenas de heridos, con más de 70 ambulancias en los accesos. El Estado Islámico reivindicó el ataque. Dos semanas antes, la Embajada de Estados Unidos en Moscú había advertido por escrito de que manejaba información sobre planes inminentes de atentado contra grandes aglomeraciones, conciertos incluidos.
¿Por qué Putin desestimó las alertas de EEUU antes del atentado?
El comunicado de la legación estadounidense se hizo público el 7 de marzo. Alemania y Reino Unido emitieron avisos en la misma dirección. La respuesta rusa llegó doce días después, el 19 de marzo, cuando Vladímir Putin ya había ganado por quinta vez las elecciones presidenciales rusas. Su valoración, recogida por la agencia oficial TASS, fue que todo aquello parecía
«un claro chantaje y un intento de intimidar y desestabilizar a nuestra sociedad».
Tres días más tarde había 143 muertos en una sala de conciertos. Es el dato que convierte la alerta en algo más que una anécdota diplomática. La secuencia —aviso, desmentido, masacre— es la que ha marcado el arranque de toda discusión posterior.
El ISIS que no se inmola
En el imaginario del yihadismo está el atacante que detona la carga o pelea hasta caer abatido. Aquí no ocurrió ninguno de los dos: los asaltantes se replegaron y escaparon. Hay quien recuerda que los autores de Charlie Hebdo también se largaron en coche y que los de las Ramblas huyeron tras el atropello. Los medios rusos informan de
once detenidos.
Putin sostuvo en su discurso a la nación que los atacantes «intentaron escapar a Ucrania» y que ya habían sido «encontrados y detenidos». También prometió castigo para quien ordenó el ataque y subrayó que «nuestros enemigos no nos dividirán», tras lo cual el Kremlin ordenó reforzar la seguridad en las principales ciudades. Ese detalle de la huida es, para buena parte de los análisis que circulan, la pieza que no termina de encajar con el manual clásico del martirio.
¿Quién financia al ISIS? Lo que se sostiene sin pruebas
Una corriente muy repetida en los foros de discusión política sostiene que el Estado Islámico es una creación o un instrumento de servicios de inteligencia occidentales y que la autoría real estaría en Washington o Tel Aviv. No hay ningún documento que respalde esa versión para este ataque, y las acusaciones suelen apoyarse en declaraciones de campaña de políticos estadounidenses o en artículos de opinión, no en investigaciones.
El argumento con más recorrido histórico es distinto: que determinadas agencias occidentales financiaron y armaron a grupos yihadistas cuando les convenía, y que después esos grupos se volvieron contra sus antiguos padrinos. Eso está documentado en varios episodios. Extenderlo al presente exige pruebas que nadie ha aportado.
El cálculo que sale ganando Ucrania
Si la autoría es del ISIS y no de Kiev, Putin pierde el argumento para recrudecer la guerra en Ucrania, que es exactamente lo que señalan varios análisis: un atentado atribuido al yihadismo no sirve para justificar una escalada contra el vecino. En el otro lado de la balanza pesa la tesis de la venganza: Rusia interviene en Siria desde 2015, un episodio que varios análisis esgrimen como posible motivo de venganza del Estado Islámico.
Entre medias queda el ruido. Comparaciones con el 11M, sospechas cruzadas, la sospecha de que cualquier agencia puede reclutar a un radical y convertirlo en ejecutor. Nada de eso está probado en este caso y nada de eso ha dejado de repetirse.
Putin prometió castigo para quien ordenó el ataque. Sobre quién era ese alguien, y sobre si la investigación rusa lo dirá, el relato se detiene justo aquí.