Los retrat en Renfe se disparan un 40% y Puente endurece las indemnizaciones
¿Cuánto puede empeorar el servicio ferroviario antes de que alguien asuma responsabilidades? Los últimos datos publicados apuntan a que bastante. Los retrat en Renfe han aumentado un 40% y, en paralelo, las condiciones para cobrar compensaciones por demora se han endurecido. La combinación es perfecta: más incidencias, menos derecho a reclamar y un ministro que, según las críticas, dedica más tiempo a las redes sociales que a la vía.
El dato: un 40% más de retrat y menos derecho a reclamar
La cifra no es menor: los retrat de Renfe se han disparado un 40%. Y no es solo una estadística. En el trayecto de alta velocidad entre Valencia y Madrid se registraron demoras de casi dos horas, una situación que para los viajeros habituales ya no es excepción sino tendencia. Lo llamativo es que, al mismo tiempo, el Ministerio de Transportes ha empeorado las condiciones para cobrar indemnizaciones por demora. Es decir, el servicio falla más y el viajero pierde protección.
Los maquinistas piden frenar el AVE a 250 km/h
La puntualidad no es el único problema. El sindicato mayoritario de maquinistas, SEMAF, ha solicitado formalmente a Adif y a la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria que reduzcan la velocidad máxima de 300 a 250 km/h en las líneas de alta velocidad Madrid-Sevilla, Madrid-Málaga, Madrid-Valencia y Madrid-Barcelona. El motivo: la acumulación de imperfecciones en la vía que, a 300 km/h, se traducen en “botes” y vibraciones constantes. La petición, hecha pública en agosto, pone sobre la mesa un problema grave: si se aplica, los tiempos de viaje se alargarán; si no, se asume el riesgo de circular con una infraestructura que da síntomas de fatiga.
No es un caso aislado. La línea de alta velocidad de Andalucía lleva más de tres años con cortes y colchones horarios por obras de renovación. Donde antes los trenes llegaban siempre a su hora y se devolvía el dinero en los contados retrat, ahora los enganchones de catenaria son frecuentes. La calidad se ha degradado hasta el punto de que los maquinistas piden bajar la velocidad para no comprometer la seguridad.
Cercanías, la otra cara del desastre
Mientras el AVE acapara la atención, el transporte de proximidad se cae a pedazos. En Madrid, cinco líneas de Cercanías llevan meses en una situación límite, con averías y retrat diarios. La degradación no es nueva: las críticas apuntan a una falta de inversión durante años, con el agravante de que ni siquiera hay proyectos a la vista. El contraste con otros países es evidente: en París, el plan para 2030 contempla 30.000 millones en movilidad; en España, la inversión en metro y cercanías está paralizada desde la crisis.
La economía del ferrocarril: plazos que no cuadran
El problema de fondo no es solo político. Los activos más caros de la red ferroviaria tienen plazos de amortización tan largos -50 o 100 años- que difícilmente encajan en un modelo de negocio convencional. En un entorno donde colocar emisiones a medio siglo es complicado, y con una orografía que encarece la construcción, la viabilidad financiera se resiente. En EE.UU., los ferrocarriles privados sobreviven gracias a las mercancías, con infraestructuras antiguas y velocidades bajas; en Europa, el pasajero no cubre los costes sin subvención. La pregunta incómoda es si el tren puede ser rentable fuera de corredores densamente poblados sin un esfuerzo público masivo.
El debate de fondo: privatización, subvenciones y mantenimiento
Detrás de las quejas aparece un debate estructural. Unos apuntan a la privatización como solución; otros recuerdan que el modelo estadounidense, con ferrocarriles privados, sobrevive gracias a las mercancías y no al pasaje. También hay quien sostiene que las subvenciones al billete de tren han provocado un bajón constante en la calidad del servicio: cuando el billete no refleja el coste real, el incentivo a mantener el servicio se diluye.
Mientras tanto, el ministro sigue tuiteando. Los trenes, por su cuenta, ya han decidido ir más despacio.