El Supremo avala que un anciano deje toda su herencia a su cuidadora: la legítima no es un blindaje
En 2006, un hombre de 82 años de León comenzó a sufrir un deterioro cognitivo y físico. Recurrió a una asociación que le envió una cuidadora, y un año después falleció. Antes de morir, le legó su casa, ahorros y seguro de vida. El heredero denunció, pero el Tribunal Supremo ha avalado la libertad de testar. La clave: no basta con alegar demencia, hace falta probar que el testador no estaba en pleno uso de sus facultades en el momento de otorgar testamento.
La legítima: un derecho limitado que muchos malinterpretan
En España, los herederos forzosos (hijos) tienen derecho a la legítima, que es de dos tercios del patrimonio. Pero el tercio de mejora puede asignarse libremente, y el tercio de libre disposición también. Esto significa que un testador puede dejar hasta un tercio del patrimonio a un extraño, siempre que los herederos forzosos reciban al menos los otros dos tercios. Sin embargo, si el testador dona o gasta en vida, puede reducir la legítima a la nada. En el caso del anciano, la cuidadora recibió la totalidad, lo que sugiere que los hijos ya habían recibido su parte en vida o que el testador usó la legítima estricta de forma que no se vulneró. El Supremo no entra en el fondo, sino que confirma que el testamento es válido porque no se demostró incapacidad.
Manipulación o libertad: el dilema del cuidador
Una corriente de opinión defiende que el anciano es libre de dejar sus bienes a quien le ha cuidado en sus últimos años, especialmente si la familia estaba ausente. Otra sostiene que estas situaciones son abusivas: cuidadores que se ganan la confianza del mayor y lo llevan al notario para firmar testamentos, aprovechando su soledad y posible deterioro. El miedo a que la cuidadora "levante la herencia" es recurrente. Además, se señala que los propios hijos podrían haber cuidado del padre si hubieran querido. El debate refleja la tensión entre la autonomía del testador y la protección de la familia.
El riesgo de las donaciones en vida y la planificación patrimonial
Algunos participantes advierten: los ancianos pueden ser presionados para donar o vender sus bienes en vida, vaciando el patrimonio antes de fallecer. Esto deja a los herederos sin apenas nada que reclamar. La solución que se apunta es que los hijos mantengan el contacto y control, o bien que los padres planeen su herencia anticipadamente, por ejemplo, yéndose a una residencia de lujo y gastando el dinero, o dejando deudas. Pero en la práctica, muchos mayores son vulnerables a la manipulación.
La pregunta que nadie responde bien es cómo probar la incapacidad mental en el momento exacto de firmar el testamento. El Supremo es claro: no vale con decir que el anciano tenía demencia; hay que demostrar que en ese instante no entendía lo que firmaba. Y eso, con frecuencia, es imposible.
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