El champú anticaspa de 3 euros que se merienda a las marcas
La caspa no se combate con un bote de 400 mililitros a precio de oro, sino con un principio activo concreto y una caja registradora que no se dispare. Esa es la conclusión que atraviesa una discusión de consumo que lleva casi dieciséis años coleccionando testimonios, y en la que el
ketoconazol se ha ganado el rango de favorito: el mismo compuesto que venden bajo receta en farmacia cuesta unos
3 euros en versión genérica, la mitad que la marca de referencia, según los cálculos que circulan.
Ketoconazol, sulfuro de selenio y la brea: qué activo funciona
El patrón se repite con una insistencia que ya no parece casualidad. Quien ha probado la línea de farmacia coincide en que los champús de supermercado no le hacen mella, y que el salto de calidad llega con el
ketoconazol, con el
sulfuro de selenio o con la brea. El primero se despacha en formato gel y en genérico; el segundo se reconoce por el color naranja del envase y un olorcillo inconfundible, y hay quien lo encuentra por unos
3 euros el bote de 300 o 400 mililitros tras años de pagar suspensiones de farmacia a precio de lingote.
La brea, o coaltar, tiene su propia congregación. Funciona, sí, pero con dos letras pequeñas: el olor a cerilla que no se va ni con cien litros de agua y dos de colonia, y la sospecha —nunca confirmada en esta conversación— de que el alquitrán no es precisamente inocuo. Hay quien directamente sostiene que si la brea te funciona es porque lo tuyo no es caspa, sino psoriasis. La distinción no es menor: la caspa se asocia a un hongo, mientras que la psoriasis es una enfermedad autoinmune. Y el diagnóstico a ojo de buen cubero tiene los mismos avales que la homeopatía.
El jabón Lagarto de 65 céntimos que dura un año
Frente a la carrera farmacéutica emerge la vía lonchafinista. Una pastilla de
jabón Lagarto cuesta
65 céntimos y aguanta más de un año, según los cálculos que circulan. Se usa para el pelo, para el cuerpo y para lo que haga falta, y sus defensores aseguran que acaba con el problema de raíz. La letra pequeña: el cuero cabelludo graso es otro animal, y ahí la agresividad del jabón puede jugar en contra. Lavar con agua fría o tibia, no caliente, forma parte del ritual.
El champú de marca blanca del supermercado también tiene su hueco.
1,70 euros el bote de 400 mililitros, y hay quien lo usa incluso como mascarilla facial durante cinco o diez minutos. El efecto, dicen, es rejuvenecedor. La ciencia dirá lo que quiera; el bolsillo, de momento, aplaude.
Lavar dos veces y el mito del champú que deja de funcionar
La técnica importa tanto como el producto. Lavar dos veces —agua, jabón, agua, jabón, agua— multiplica el efecto y lo alarga, y quien se salta el ritual una semana entera puede darse por perdido: ni el decapante de pintura sintética le salva. A eso se suma la teoría de que el cuero cabelludo se acostumbra al champú y deja de responder entre uno y dos años, de ahí la recomendación de rotar de marca.
El diagnóstico de la causa sigue siendo el punto ciego. Hay quien apunta a un desarreglo en la producción de grasa —la dermatitis seborreica— y quien lo atribuye a un hongo. Y una tercera vía, la más barata de todas: la caspa psicosomática. Dejar de rascarse, no hacerle caso y esperar. Funcionó durante quince años en un caso. No es un protocolo, pero tampoco cuesta nada.
La predicción, con reservas: mientras la farmacia siga vendiendo genéricos a 3 euros, el champú de marca tendrá que justificar su precio con algo más que espuma.