Quevuelve a RTVE: el coste político de un programa de cocina
El humorista Héctor Miguel, conocido como Quequé, ha fichado por RTVE para presentar un programa de cocina apenas unos meses después de anunciar su retiro y de ser absuelto de un delito de odio por sus comentarios sobre el Valle de los Caídos. La operación, valorada en el mercado publicitario como un movimiento para captar audiencia joven, reabre el debate sobre el uso de fondos públicos en la televisión estatal y las puertas giratorias del entorno gubernamental.
Del Juzgado a los fogones: el historial de Quequé
Quequé, que empezó en El Club de la Comedia y ha pasado por cadenas como La Sexta y la SER, fue procesado en febrero de 2025 por un delito de odio al bromear sobre la dinamitación del Valle de los Caídos. El Juzgado de Instrucción archivó el caso y la Audiencia Provincial lo absolvió, dejando sin efecto la causa impulsada por Abogados Cristianos. Sin embargo, el ruido mediático persistió. Ahora, su regreso a la televisión pública con un formato culinario refuerza la percepción de que RTVE funciona como altavoz de perfiles afines al Gobierno.
Audiencia récord y patrocinio encubierto
Bajo la dirección de José Pablo López, La 1 ha encadenado meses de crecimiento de audiencia, según los datos de Kantar. Los defensores del ente público sostienen que el éxito se debe a que se ofrece lo que la gente demanda, sin sesgo político. Los críticos, en cambio, señalan que el incremento se ha logrado mediante la contratación de figuras afines al PSOE y que el coste recae sobre los contribuyentes, ya que RTVE no emite publicidad desde 2010. Quequé, que ha sido un crítico constante de la derecha y la ultraderecha, se suma a una lista de fichajes polémicos que, según el análisis de los gastos de personal, elevan el presupuesto en un 12% interanual.
Un negocio redondo para el humorista
El nuevo programa, aún sin título, se perfila como un híbrido de cocina y monólogo. Quequé ya había probado el formato en la SER, pero en televisión pública tendrá una exposición mayor y un sueldo fijo. Los que defienden la operación argumentan que el humorista es un filón para atraer anunciantes indirectos (porque RTVE no tiene publicidad, pero sí patrocinios culturales). Los escépticos replican que se trata de una mamandurria más, como las que ya han salpicado a otros colaboradores del Ejecutivo.
Lo que ningún análisis termina de explicar es por qué, si la audiencia responde, no se recupera la publicidad para que el coste no recaiga sobre todos los españoles. La respuesta, como casi siempre, está en la política.
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