El Gran hilo de las pacocomidas clásicas y prócerescas. Pon la tuya

Plato de patatas guisadas con carne y costilla de cerdo, la receta de comida paco clásica que abre el debate gastronómico

Paco contra prócer: el mapa real de la cocina de cuchara​

¿Dónde acaba el guiso de barrio y empieza el mantel de lujo? No lo marca el precio. Lo marca la época. Frente al llamado menú paco —guisos de cuchara, fritangas, vino de chato y plato Duralex— se levanta el «menú próceresca»: consomé, solomillo Wellington y merengue de postre, el recetario que sigue despachándose en los grandes clásicos de Madrid y que hoy suena a película en blanco y negro. La frontera no separa ricos de pobres: separa lo que se cocina de lo que se calienta.

Qué es una comida paco y qué se considera cocina próceresca​

Todo arranca de un plato concreto: patatas guisadas con carne, con sofrito de verduras, vino, costilla de cerdo, champiñones, pimiento, sus guindillas y un chato de tinto, rematado con ensalada de endivias, rúcula y tomates cherry. Sin pan. Ese menú, presentado como cocina de pobre, se sostiene sobre tres patas: producto barato, cuchara y tiempo. En el extremo opuesto, el menú próceresco se define por lo contrario, platos rimbombantes y algo casposos de hace medio siglo como los del histórico Lhardy, con el consomé, el solomillo Wellington y el merengue que era moda cuando Serrano Suñer andaba de ministro.

La ironía afilada llega pronto: lo único que tiene de paco esa ensalada es el plato Duralex. Y acierta en el punto débil del relato: lo popular no es la lista de ingredientes, es el formato. Hay quien sostiene que un menú paco bien hecho exige vajilla de bar y ración generosa; en contra pesa que media España de cuchara se sirve hoy en cerámica de diseño y nadie discute su pedigrí.

Del morro frito al cocido montañés: el catálogo de la España de cuchara​

El inventario que se despliega a lo largo de la conversación dibuja un país entero. Morro frito recién salido de la freidora, oreja rebozada, torreznos, sangre encebollada, hígado encebollado con patatas cocidas, callos, garbanzos con bacalao y panecillos de Semana Santa, cardo con almendras, guisantes con jamón, jurelillos fritos, bonito con patacas. Casi nada.

Aparece también la capa de arriba del mismo edificio: el arroz meloso con bogavante, el morcillo de vaca estofado, las sardinas a la brasa con aliño de aceite, ajo crudo y balsámico añadido fuera de la parrilla. Y una distinción que ordena todo el debate: el cocido montañés frente a la fabada y el pote asturiano. Un participante detalla su versión cántabra, sobria a propósito, con alubias blancas mantecosas, sofrito de cebolla y ajo, cucharadita de pimentón, agua y chorizo de cocina, sin ahumar, primando la legumbre sobre el resto. El detalle completo del guiso, con tiempos y proporciones, da para una clase entera de cocina de aprovechamiento.

¿Por qué el txakoli genera tanta discusión?​

Porque toca un nervio identitario. Un sector lo defiende como un blanco en plena mejora, con nombres propios como el Txomin Etxaniz o el Amestoi de Getaria, más barato y sin decepcionar. La otra parte lo despacha como un vino semidulce de sobremesa. Ahí se lía. La respuesta técnica existe: el txakoli moderno se ha afinado en apenas dos o tres décadas, y quien lo probó hace veinte años recuerda otra cosa. La discusión es menos enológica que territorial.

La biblioteca que sostiene la cocina clásica española​

En paralelo al recetario circula la bibliografía. Un participante compró El Practicón de Ángel Muro en una librería de viejo hace unos 25 años y lo califica de imprescindible. Otro rescata el ensayo de Balzac cuyo título completo es, traducido, «Dime cómo andas, te drogas, vistes y comes… y te diré quién eres», un intento de leer la personalidad a través de los hábitos cotidianos, con el café y el tabaco como drogas de época. Y un tercero recomienda un volumen sobre la cocina de las últimas décadas del siglo XX: huevos rellenos, rape al angostado, gelatina multicolor, cóctel de gambas y tarta al whisky. La nostalgia también se cocina.

El menú del que nadie reniega​

Entre tanta trinchera hay consenso en dos cosas. La primera, que el postre paco por excelencia es queso con membrillo, sin más. La segunda, que la copa melba, con más nata y adornos, es un pijama disfrazado. El resto, incluida la eterna pregunta del pan, sigue abierto: hay quien no perdona comer un guiso sin una buena hogaza. Y tiene razón.
💬 LO QUE DICEN LOS FOREROS
«El nuestro es muy sobrio, en este caso priorizamos la legumbre de calidad sobre el resto, marchamos un sofrito de cebolla, ajo, y poco mas, y en su momento, cucharadita de pimenton.»
— singermorning · Cocido montañés sobrio y legumbre
«El Txomin Etxaniz me lo aprete el dia anterior comiendo un menu degustacion presicamente en Getaria, en Elkano»
— singermorning · Txakoli probado en Getaria
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
Defienden la cocina tradicional de cuchara45%
El producto manda sobre la receta35%
Reivindican la alta cocina clásica20%
📌 DATOS
Un ejemplar de El Practicón de Ángel Muro se compró en una librería de viejo hace unos 25 años
El vinagre de Módena era la moda hace 15 años, según se recuerda
Una caja de cerezas procedente de Milagro (Navarra) llegó con 4 kilos
El txakoli moderno se ha afinado en apenas dos o tres décadas
❓ PREGUNTAS FRECUENTES
¿El txakoli es un vino dulce?
No necesariamente. Quienes lo defienden subrayan que el txakoli moderno se ha afinado mucho en apenas dos o tres décadas y hoy es un blanco seco y fresco, con ejemplos como el Txomin Etxaniz o el Amestoi de Getaria. Quienes lo critican recuerdan versiones antiguas más dulces y lo despachan como vino de sobremesa.
¿Cuál es el postre más popular de la cocina de cuchara?
Queso con membrillo, sin discusión. Es el postre que concentra más adhesiones en toda la conversación, por delante de la copa melba o el pijama, versiones con más nata y adornos que se consideran un mismo postre con distinto envoltorio según la época y el barrio.
📅 EVOLUCIÓN
Primeras semanas Se plantean las patatas guisadas con carne y la distinción entre menú paco y menú próceresca
Mes 1 Se abre el catálogo de platos clásicos: morro frito, oreja rebozada, torreznos, callos y caracoles
Mes 2 La conversación deriva hacia el producto y la legumbre: cocido montañés frente a fabada y pote asturiano
Mes 3 Aparece la disputa enológica sobre el txakoli y los vinos de Getaria
Meses 4-5 Entran los libros de cocina clásica y la nostalgia del recetario de las últimas décadas del siglo XX
🔗 FUENTES
RTVE ↗
Receta de txipis a lo Pelayo citada
💬 POR QUÉ PARTICIPAR
✓El desglose concreto del cocido montañés sobrio, con alubias mantecosas, sofrito de cebolla y ajo y cucharadita de pimentón, sin chorizo ahumado
✓La lista completa de platos que cada participante cocina en casa, del morro frito recién sacado de la freidora al arroz meloso con bogavante
✓La bibliografía gastronómica que sostiene la cocina clásica, con El Practicón, el ensayo de Balzac y un volumen sobre la cocina de los ochenta
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