La cocina paco vs. prócer: la guerra de los fogones caseros
Mientras unos defienden el morro frito y la oreja rebozada como cumbres de la gastronomía popular, otros reivindican el solomillo Wellington y el consomé de Lhardy. El choque entre lo "paco" —humilde, fritanguero y sin pretensiones— y lo "prócer" —rimbombante, clásico y de vajilla de plata— revela algo más que gustos: es una brecha generacional y de clase que resurge en cada comida casera.
¿Qué es exactamente la cocina paco?
El término "paco" se ha colado en la jerga culinaria para designar platos sin complejos: patatas guisadas con costilla, torreznos, morro frito, oreja rebozada, lentejas con chorizo o guisantes con jamón. Son recetas de siempre, hechas con productos económicos y ninguna concesión a la estética. La presentación importa poco: un plato de Duralex basta. Lo que cuenta es el sabor y la contundencia. Un análisis de las más de 150 contribuciones muestra que estos platos concentran el mayor número de fotos y comentarios, y son defendidos con vehemencia frente a las modas gastronómicas.
El resurgir de lo prócer: de Lhardy al pijama
En el extremo opuesto se sitúa la cocina "próceresca", heredera de los banquetes de media España: consomé, solomillo Wellington, merengue de Serrano Suñer, la copa melba o el pijama (un postre de helado con frutas y nata). Estos platos se asocian al restaurante Lhardy, templo de la cocina castiza de postín, y a vajillas como las de Santa Elena o las copas Luminarc de cristal rojo. La fotografía es aquí clave: se busca una composición casi de bodegón, con cubertería de plata y mantelería impecable.
La vajilla como marcador de clase
El tipo de plato en el que se sirve la comida se ha convertido en un indicador sutil de la postura. El Duralex —resistente, barato, de diseño funcional— es el estandarte de lo paco. Frente a él, la vajilla de Santa Elena o la cubertería de plata representan lo prócer. Incluso las copas Luminarc francesas de los años 70 son reivindicadas como un toque vintage de distinción. No es solo la comida: es cómo se come y en qué.
El debate no se cierra. La cocina paco gana en autenticidad y arraigo popular; la prócer, en historia y ritual. Ambas forman parte del mismo patrimonio gastronómico, aunque sus defensores rara vez coinciden en la misma mesa.
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