Volkswagen en bolsa: el gráfico que anticipa el declive de Europa
El máximo de 237 euros que Volkswagen alcanzó en 2021 quedó muy atrás. Desde entonces, la acción del fabricante alemán encadena una caída que, para algunos participantes del debate, funciona como termómetro de algo más grande: la pérdida de competitividad industrial de Europa frente a China. Quien compró en los mínimos del covid y vendió en el pico se anotó un 150%, según un cálculo que circula. Quien compró en el pico sigue esperando.
El detonante que se señala es la irrupción de las marcas chinas especializadas en eléctricos tras la pandemia. En tecnología de combustión, las alemanas acumulaban casi un siglo de ventaja depurando motores y procesos de producción. En eléctrico, todos partían de cero. La diferencia es que unos corrieron y otros dudaron.
La apuesta eléctrica que nadie compró
Volkswagen se lanzó a la electrificación con planes ambiciosos, incluida una gigafactoría de baterías en Sagunto. Toyota, en cambio, miraba con recelo. El resultado, a la vista de los datos, no ha sido el esperado: la demanda de eléctricos no despega al ritmo previsto y los planes industriales empiezan a tambalearse.
La paradoja es que la solución que se aplica al problema pasa por subir el precio del utilitario más icónico de la marca. El VW Polo ha pasado de 12.000 a 24.000 euros en pocos años, casi un 100%. Ni la vivienda ha subido así en el mismo periodo, ironizan algunos. La conclusión que se extrae es incómoda: o se vende menos, o se vende más caro.
El coche como lujo y la vivienda como espejo
Con el empobrecimiento acelerado de la clase media, el vehículo particular se encamina a convertirse en un lujo reservado a quien lo necesita por trabajo y no tiene alternativa de transporte público, según se sostiene. Es la ley de la oferta y la demanda aplicada a dos mercados que se comportan igual: se construye poco, se importa mucho y el precio de lo más barato se dispara.
El mismo patrón que se ve en la vivienda se replica en el automóvil. Menos oferta asequible, más demanda embotellada y precios que suben sin que nadie parezca capaz de frenarlo. No es increíble, sostienen algunos. Es el mercado.
Alemania, China y el error de cálculo europeo
El ahorrador alemán que metió 400.000 euros en Volkswagen hace cinco años y ahora tiene 150.000 y bajando es el símbolo de una generación, según un cálculo que circula. Los fabricantes alemanes aplaudieron en privado las normas de emisiones que forzaban a los clientes a gastar más por ley, y se emocionaron con las subvenciones públicas, según se sostiene. No contaban con el rechazo del consumidor.
La decisión lógica, para algunos, es dejar de vender en China. Allí el estándar de lujo europeo se igualará en poco tiempo a menor coste. Mientras tanto, la alternativa que se baraja es importar a Europa el modelo de kei car japonés, de poca potencia y baja contaminación, con ventajas fiscales si es eléctrico, aunque el mercado acabará empujando hacia versiones de combustión dada la escasa aceptación del eléctrico y su limitada autonomía.
El informe Draghi y la bajada lenta
Europa va mal y el informe de 400 páginas entregado por Draghi para resucitar el cadáver no parece haber convencido a nadie, según esta lectura. Esto no será una debacle en pocos meses como Lehman, advierten. Tiene pinta de ser una bajada lenta pero segura, con países gobernados por partidos que, según esta lectura, aplican políticas de transferencia de renta desde ahorradores y productivos hacia gasto público desmedido.
El cierre del análisis se atasca justo aquí: nadie sabe cuánto puede aguantar el accionista alemán viendo caer su participación mientras el coche que fabrica duplica su precio y el comprador europeo deja de poder pagarlo.