Un depósito de 10 céntimos por envase: así lo cobran ya en Europa
El depósito de 10 céntimos por envase es la medida que, según el mensaje que abre el debate, se dispone a implantar el Gobierno. Cada lata y cada botella que compres llevaría un sobreprecio que solo recuperarías si te tomas la molestia de devolver el envase, entero y legible, en la máquina correspondiente. Hasta ahí, lo que ya se sabía.
Para varios participantes, no es una ocurrencia del Ejecutivo español, sino una exigencia que llega desde Bruselas dentro del paquete europeo de objetivos de reciclaje. La ventanilla para quejarse estaría en la Unión Europea, no en Madrid. El sistema de depósito y devolución de envases lleva años rodando en media Europa, con precios, resultados y efectos secundarios muy distintos según el país.
¿En qué países ya funciona el depósito de botellas y latas?
Alemania es el caso de referencia: el Pfand, con 25 céntimos por envase, lleva más de una década en marcha. Países Bajos subió sus precios entre 10 y 15 céntimos. Portugal activó su sistema Volta hace meses. Rumanía también lo aplica.
La comparación de precios es lo primero que salta: los 10 céntimos previstos quedan por debajo del modelo alemán. La comparación operativa llega después, cuando aparecen los problemas. Según relata un participante que ha usado el sistema en Países Bajos, las máquinas de devolución no aceptan cualquier envase: si la lata se compró antes de la entrada en vigor de la norma, o viene de otro país, el lector la rechaza. La devolución no es un derecho automático, es un trámite con condiciones.
El efecto secundario que se atribuye a Portugal: contenedores removidos
El caso portugués es el más citado en el hilo. Según un mensaje, con Volta ya en funcionamiento, el alcalde de Lisboa ha pedido al Gobierno que suspenda el sistema. El motivo no sería ideológico: hay personas que buscan envases para cobrar el depósito y que remueven y vacían los contenedores, mientras los servicios municipales de limpieza no dan abasto para retirar la basura esparcida.
Cuánto sube la cesta de la compra con el depósito de envases
Según un cálculo que circula en el hilo, una lata de refresco de marca blanca que hoy cuesta 32 céntimos pasaría a 42, siempre que el comercio traslade el depósito íntegro al precio. Multiplicado por el consumo de una familia, el sobrecoste deja de ser anecdótico.
La pregunta que nadie responde con datos es qué ocurre con el IPC. Si el depósito se traslada a precio y no se devuelve, computa como inflación; si se devuelve, en teoría no. En el escenario que planteaba un participante, con la gasolina a 2 euros y un IPC del 4,3% en agosto, un empujón extra a la cesta complicaría cualquier revisión de pensiones. Otro mensaje apunta a subidas de entre 10 y 50 céntimos según producto.
Devolver el casco: cuando el envase retornable era la norma
España no inventa nada, y quien tenga canas lo sabe. En los años 70 y buena parte de los 80, las botellas de cristal de refrescos y cerveza se devolvían: el cliente llevaba el envase vacío al supermercado, al bar o a la tienda y recuperaba una pequeña cantidad. Ocurría con los sifones. Las fábricas lavaban, desinfectaban y rellenaban.
El sistema murió a mediados de los 80 con la llegada del envase desechable y los contenedores. En hostelería, en cambio, nunca desapareció: hay botellas retornables y no retornables, y las primeras se siguen recogiendo, esterilizando y reutilizando. El circuito cerrado que ahora se presenta como innovación ecológica funcionaba hace cuatro décadas sin que nadie lo llamara economía circular.
¿Quién se queda el dinero de los envases que nadie devuelve?
Aquí está el nudo. El depósito no es un pago por reciclar: es una retención que se te devuelve. Quien no devuelve el envase pierde esos céntimos, y ese dinero no desaparece. La sospecha que se repite es que la medida acabe funcionando como un recargo encubierto que engorda las arcas sin necesidad de subir impuestos.
Al cálculo financiero se le suman los costes domésticos: almacenar envases en casa hasta la próxima visita al supermercado, cargar con ellos y lidiar con máquinas que se averían. Hay quien sostiene que el envase ya se paga hoy dentro del precio del producto, de modo que el depósito es cobrarlo dos veces. En contra pesa el argumento más obvio: sin fricción, nadie mueve un dedo.
La lógica del sistema es simple: el bolsillo es el único incentivo que funciona a escala. Que sea compatible con la picaresca, con las máquinas averiadas y con la geometría urbana española es otra cosa. Si Portugal acaba suspendiendo Volta, España tendrá que decidir si importa el modelo entero o solo la parte que recauda. Los contenedores removidos que relata el hilo ya son el primer aviso.