El gasto militar es el menos rentable de los presupuestos publicos

El gasto militar es el menos rentable de los presupuestos publicos
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

El gasto militar sí mueve la economía, pero menos y durante menos tiempo de lo que sostiene la industria de defensa. El Banco de España calcula que su multiplicador apenas supera el 1 en el cuarto año y vuelve a cero en el séptimo.

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El gasto militar sí mueve la economía, pero menos y durante menos tiempo de lo que sostiene la industria de defensa. El Banco de España calcula que su multiplicador apenas supera el 1 en el cuarto año y vuelve a cero en el séptimo.

La OTAN se ha metido en una carrera de gasto militar para cumplir el objetivo que marcó Donald Trump: dedicar un 5% del PIB a defensa. Eso reabrió el viejo debate de cañones o mantequilla, porque ese dinero sale de otras políticas públicas. La patronal del sector sostiene que invertir en defensa da un empujón importante a la economía. Un estudio reciente de investigadores del Banco de España enfría esa asunción: el efecto multiplicador es inferior al de informes anteriores y, dicen sus autores, este gasto «tiene efectos a largo plazo más efímeros y de menor magnitud que los proyectos generales de inversión pública».

Por qué el impacto tarda años en notarse

Calcular bien el efecto del gasto en defensa tiene una dificultad de base: el ciclo de vida de los contratos es larguísimo. Entre el anuncio y la producción pueden pasar de uno a cinco años, y el tratamiento estadístico hace que el gasto solo se registre en las cuentas nacionales tras la entrega, para la que pueden pasar hasta diez años. Eso significa que el incremento de producción de ese periodo no se refleja.

Los investigadores creen que su método salva ese obstáculo. Han construido una base de datos con más de 30 años de contratos de defensa. Con ella concluyen que la inversión pública prácticamente no reacciona durante el primer año, empieza a subir despacio en el segundo y toca techo cuatro años después del choque. Es decir, el impacto en el PIB de adjudicar los contratos es similar a cero durante los dos años y medio iniciales.

El multiplicador sube al 1,3 y luego se apaga

A partir de ahí la producción crece hasta su máximo en el cuarto año. En ese momento el multiplicador fiscal —el impacto en la economía de la inversión, sin contar salarios ni consumos como el combustible— supera ligeramente el 1. Traducido: por cada euro gastado, la actividad aumenta otro euro. En el quinto año llega al 1,3 y después cae hasta extinguirse. En el séptimo vuelve a ser cero. Es un efecto transitorio, no un motor permanente.

Hay otro detalle que rebaja el entusiasmo: los contratos adjudicados a empresas en el extranjero generan un impacto macroeconómico insignificante. Si el dinero sale del país, el efecto se queda fuera.

La patronal y BBVA calculan más

No todos los números coinciden. Un estudio de BBVA Research de 2025 estimaba que el multiplicador del gasto en defensa en los dos primeros años llegaba al 1,5 y que, si se cogía solo la inversión sin salarios, podía alcanzar el 2. En lo que sí coincidía era en el carácter transitorio del impacto.

La patronal del sector en España, TEDAE, encargó a PwC un estudio sobre el impacto económico del gasto en defensa que se publicó la semana pasada. Arroja un multiplicador medio del 2,3 para 2025: por cada euro invertido, se generaron 2,3. La diferencia con el Banco de España no es menor.

Lo que el cálculo del Banco de España no mide

Los tres investigadores del Banco de España observan que «los proyectos de inversión pública de mayor envergadura pueden generar efectos más persistentes que los observados en el caso de la inversión en defensa». Y recuerdan que sus estimaciones solo cubren los efectos directos del gasto.

Para tener la foto completa, añaden, los responsables políticos tendrían que considerar también los costes económicos de los conflictos militares y los posibles efectos disuasorios de mejorar las capacidades de defensa. Eso no entra en el multiplicador. La pregunta de si compensa no la responde una tabla: depende de qué se entienda por rentable y de qué se deje de financiar para pagarlo.

Datos clave
  • El Banco de España sitúa el impacto en el PIB de los contratos de defensa en casi cero durante los dos años y medio iniciales.
  • El multiplicador fiscal de la inversión en defensa supera ligeramente el 1 en el cuarto año y llega al 1,3 en el quinto.
  • El efecto se extingue por completo en el séptimo año desde la adjudicación del contrato.
  • BBVA Research estimó en 2025 un multiplicador de 1,5 en los dos primeros años, y de hasta 2 contando solo inversión.
  • TEDAE encargó a PwC un estudio que da un multiplicador medio de 2,3 para 2025.
Fuente: elpais.com
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

Solidario García

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Los países de la OTAN están envueltos en un gasto militar al alza para cumplir los objetivos que ha marcado el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de dedicar un 5% del PIB, lo que volvió a abrir el viejo debate de cañones o mantequilla. Ante las reticencias de algunos gobiernos, como el español, de incrementar hasta ese punto el gasto que drenaría recursos de otras políticas públicas, la patronal del sector esgrime que la inversión en defensa da un importante empujón a la economía. Un reciente estudio de investigadores del Banco de España enfría esta asunción al asegurar que el efecto multiplicador es inferior a lo estimado por informes anteriores. Y aseguran sus autores que este gasto “tiene efectos a largo plazo más efímeros y de menor magnitud que los proyectos generales de inversión pública”.

Uno de los retos para calcular de forma adecuada el impacto en la economía del gasto en defensa es el largo ciclo de vida y los retrat en la ejecución. Entre el anuncio del contrato y la producción se pueden producir retrat importantes —los autores calculan que de entre uno y cinco años— y el tratamiento estadístico de las inversiones militares implica que el gasto solo se registra en las cuentas nacionales tras la entrega, para la que pueden pasar hasta diez años, sin reflejar el incremento de la producción en ese periodo. Los investigadores creen que logran salvar esta dificultad con su método y han creado una base de datos que abarca más de 30 años de contratos de defensa.

Con su método concluyen que la inversión pública prácticamente no reacciona durante el primer año, empieza a aumentar lentamente durante el segundo y alcanza su máximo cuatro años después de que se haya producido el choque. Es decir, que el impacto en el PIB de la adjudicación de los contratos es similar a cero durante los dos años y medio iniciales. A continuación, la producción aumenta hasta alcanzar su punto máximo cuatro años después para luego caer. En ese cuarto año, el multiplicador fiscal, esto es, el impacto en la economía de la inversión (en este caso sin tomar en cuenta salarios y otros consumos como la compra de combustible), supera ligeramente el uno. Traducido, quiere decir que por cada euro gastado en el proyecto, la actividad económica aumenta en otro euro. En el año quinto llega a ser del 1,3 y a partir de ahí cae hasta extinguirse. Pero es un efecto transitorio que a partir del año siete vuelve a ser cero. Además, los contratos adjudicados a empresas en el extranjero generan un impacto macroeconómico insignificante.

Otro estudio de BBVA Research de 2025 estimaba que el multiplicador fiscal del gasto en defensa en los dos primeros años llegaba al 1,5 y que cuando se cogía solo el dato de inversión (sin salarios), podía llegar hasta el 2 (es decir, por cada euro se conseguirían dos). En lo que sí coincidía el estudio era en el carácter transitorio del impacto. La patronal del sector de la defensa en España, TEDAE, encargó a PwC un estudio sobre el impacto económico del gasto en Defensa que publicó la semana pasada y que arroja un multiplicador medio del 2,3 en el año 2025 (por cada euro invertido, se generaron 2,3).

En sus conclusiones, los tres investigadores del Banco de España observan que “los proyectos de inversión pública de mayor envergadura pueden generar efectos más persistentes que los observados en el caso de la inversión en defensa”, y recuerdan que sus estimaciones solo se refieren a los efectos directos del gasto en defensa. “Los responsables políticos también podrían tener que tener en cuenta los costes económicos causados por los conflictos militares y los posibles efectos disuasorios de la mejora de las capacidades de defensa mediante la inversión en este ámbito” para tener una foto completa, agregan.
 
¿Hoy no nos vas a hablar de aquel a quien MariCarmen culpaba de sus problemas?
 

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