Feijóo calla ante la avalancha de votos del exterior: ¿estrategia o resignación?
El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, ha decidido no poner en duda el sistema electoral a pesar del aluvión de cientos de miles de nuevos votantes que la Ley de Memoria Histórica incorpora al censo desde Hispanoamérica. La noticia, avanzada por Vozpópuli el 27 de junio de 2026, revela que el líder conservador prefiere no interponer acciones judiciales ni alentar el ruido parlamentario. Una postura que, para algunos analistas, equivale a blanquear un presunto pucherazo orquestado por el Gobierno.
Cientos de miles de votos en juego
La nacionalización de nietos de exiliados, impulsada por el Ejecutivo, podría añadir un volumen de votantes comparable al censo de varias provincias. La mayoría de esos nuevos electores residen en países con tradición de voto favorable al PSOE. Ante esta perspectiva, la estrategia de Feijóo de no impugnar el proceso ha sido calificada de «complicidad» por sectores críticos, que recuerdan que el líder popular ya fue director de Correos y, presuntamente, conoce los entresijos del voto por correo.
El PP prefiere el poder autonómico
Otra corriente de análisis defiende que al PP no le interesa gobernar en la Moncloa. Con la mayoría de comunidades autónomas y grandes ayuntamientos, el partido accede a un poder económico enorme sin exponerse a los desgastes del Gobierno central. «Si el PP gana las elecciones, será en contra de los deseos del PSOE y del PP», resume un argumento recurrente. De fondo, la sombra de Vox: al PP le preocupa más la derecha radical que el PSOE, y cualquier denuncia de fraude podría debilitar al sistema que ellos mismos usaron en el pasado.
Un silencio que arde
Entre los comentarios en redes y foros, la acusación de «pucherazo» se dispara. Se menciona que en Galicia, tierra natal de Feijóo, ya hay antecedentes de votos del «cementerio y medio Buenos Aires». La falta de reacción del PP es vista como una orden de la cúpula para que el PSOE gobierne hasta la década de 2030. Mientras tanto, Feijóo intenta convencer a esos nuevos votantes de que se sumen al cambio político, una jugada que muchos consideran imposible.
La paradoja está servida: el partido que más debería denunciar el fraude es el que más calla. ¿Es realismo político o una cesión que en el futuro se volverá en su contra?