La hemeroteca que matiza la prohibición del catalán bajo Franco
El franquismo no dejó un decreto que prohibiera el catalán. O no uno que se haya encontrado. De esa ausencia arranca una revisión documental que repasa el BOE y la hemeroteca entre 1944 y 1975 para sostener que la lengua se escribió, se publicó y hasta se premió durante la dictadura, aunque nunca tuvo rango oficial. El matiz incomoda a los dos bandos. Y deja intacto el dato de fondo: el catalán no era la lengua del juzgado, ni de la administración, ni del BOE.
El BOE de 1944 y el régimen notarial
La primera prueba que se cita es un BOE de 1944, firmado por Franco, cuyo artículo 149 del régimen notarial obligaba a redactar los documentos en castellano y en catalán. En 1975, otro BOE establecía la enseñanza del catalán y garantizaba libros de texto. En medio, un goteo de disposiciones que, según esta lectura, nunca declararon ilegal el idioma.
Premios, canciones y el himno del Barça en catalán
El repaso sigue por los galardones. En 1954, el premio Mercè Rodoreda recayó en Pere Calders por «Cròniques de la veritat oculta», y se citan certámenes como el Josep Pla, el Lletra d'Or o el Sant Jordi desde 1942. En 1963, Salomé cantó en catalán la canción ganadora del Festival del Mediterráneo; en 1972, Lluís Llach actuó en RTVE. El FC Barcelona encargó himnos en catalán entre 1949 y 1974. Hasta un catecismo de 1947 circula hoy en webs de coleccionistas.
Cinco horas de catalán en la escuela y una sentencia del Supremo
En 1967, La Vanguardia publicaba cinco horas de catalán en las escuelas catalanas, y RTVE emitía informativos en catalán sobre cultura y tradiciones. Dos años después, en 1969, el Tribunal Supremo condenó al periodista N. Luján a ocho meses de prisión por publicar la carta de un lector, en una resolución que reconocía que el libre uso particular y social del catalán se respeta y garantiza. La escritora Mercedes Salisachs lo resumió: no estaba prohibido, simplemente no era oficial. El matiz es todo.
La Carta Europea y el Instituto Cervantes
El cierre del argumento salta al presente institucional: España comprometió 69 de las 98 medidas de la Carta Europea de Lenguas Regionales o Minoritarias, y el Instituto Cervantes difunde también las demás lenguas españolas. Cifras que, puestas al lado de un BOE de 1975, dibujan un país que llegó tarde a proteger lo que antes solo toleraba.
Con estos mimbres, la discusión no se cierra. Se desplaza. Pasará de «¿prohibió Franco el catalán?» a «¿por qué la lengua que se hablaba en la calle no era la que se firmaba en el juzgado?». Ahí, con nuevos papeles por aparecer, es donde volverá a encenderse.