13.000 millones para nada: el fiasco del reto demográfico
El Gobierno de Sánchez invirtió 13.000 millones de euros en el reto demográfico durante cinco años. El resultado: cero mejora de servicios, cero aumento de población. El balance no puede ser más descorazonador para la España rural, que sigue vaciándose mientras los políticos se llenan los bolsillos con chiringuitos.
El plan que no era repoblar, sino enchufar
Una corriente de análisis sostiene que el objetivo nunca fue revertir la despoblación, sino crear una red de cargos y subvenciones para amigos y socios. Los 13.000 millones se han evaporado en estructuras burocráticas y campañas electorales, sin que hayan llegado a los pueblos. La evidencia es que los servicios esenciales —médico, escuela, transporte— no solo no han mejorado, sino que han retrocedido en muchas zonas.
La burocracia como muro infranqueable
Por otro lado, se argumenta que, aunque hubiera voluntad, el laberinto administrativo hace imposible cualquier iniciativa en el medio rural. Para hacer una simple obra en un pueblo se necesitan informes del ayuntamiento, la mancomunidad, medio ambiente, servicios forestales... Y todo ello con normas que exigen ascensores en casas de tres plantas o colores de fachada uniformes. Es más fácil rendirse que intentarlo. A esto se suma la falta de infraestructuras: pueblos sin fibra óptica, con carreteras en mal estado y sin transporte público. Sin conectividad, el teletrabajo —que podría ser un revulsivo— se convierte en quimera.
El fantasma de Franco y los 300 pueblos
Algunos recuerdan que la última gran repoblación ordenada la llevó a cabo Franco entre 1940 y 1970, creando 300 pueblos de la nada. Un modelo que hoy sería impensable por coste político y económico, pero que demuestra que, cuando hay voluntad y mano dura, se puede. Sin embargo, otros replican que aquellos pueblos se volvieron a vaciar cuando la gente emigró a las ciudades. El problema de fondo no es la falta de planes, sino la falta de trabajo y oportunidades en el campo, que la mecanización agrícola ha reducido al mínimo.
La pregunta que nadie responde es si la España vaciada tiene arreglo, o si es un cementerio anunciado que solo se llenará de inmigrantes o de funcionarios trasladados por decreto. Lo único seguro es que 13.000 millones no han servido para nada.
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