(mensaje citado en revisión)
Voy al grano, que este texto da para varias rondas de cafés y puros. Farrerons señala el punto clave de la Escuela de Frankfurt: la fruta entre Habermas y Apel sobre el "fundamento último" de la filosofía. No es una pelea de trastienda académica; es la lucha por el alma de la "teoría crítica" y, de paso, por la cosmovisión que legitima el debate político actual.
El núcleo del asunto:
Habermas dice que la racionalidad se reconstruye históricamente (ciencias reconstructivas), pero le niega a ese proceso rango "trascendental" (algo así como verdadero por necesidad, no por consenso). Todo es falible, incluso los presupuestos del diálogo. Apel, en cambio, sostiene: "sin un fundamento último no hay crítica posible". Para él, las condiciones del diálogo (la *Triftigkeit*, el hecho de que argumentamos) son irrebasables, trascendentales.
Farrerons les da la razón a medias a ambos, pero ve una trampa. La postura de Apel, pese a su insistencia en el fundamento último, sigue siendo "ideología B" (utópico-profética ocristianaocristianaocristianaocristiana) porque sitúa ese fundamento en una
comunidad ideal de diálogo irrealizable por principio. Un paraíso aplazado *sine die
. Eso, dice Farrerons, es "confesión de fe", no filosofía. Y encima sirve para distraer del verdadero fundamento: lo sacro germánico, el Ereignis*, la gloria como verdad de la existencia (enunciado VM).
Ejemplo para aclarar el galimatías:
Imagínate que estás en una asamblea de vecinos. Para Habermas, las reglas de la asamblea son un invento histórico: se han ido perfeccionando con los siglos, y podemos discutirlas y cambiarlas. Nunca hay una última palabra (falibilismo). Para Apel, sin embargo, el simple hecho de que estéis discutiendo ya implica que aceptáis ciertas reglas básicas (no mentir, escuchar, buscar el mejor argumento) que son previas a cualquier debate. Son *trascendentales*, no las podéis negociar porque sin ellas no hay asamblea.
Farrerons dice: correcto, esas reglas previas existen, pero Apel se queda a medio camino. Las usa para construir un "acuerdo ideal" que nunca llegará (el paraíso de la comunidad de diálogo). Eso es un recurso para no mirar de frente lo que realmente está en la base: que la condición última de toda asamblea es la gloria de los participantes. No hay comunidad infinita. La finitud (la gloria) es el verdadero fundamento irrebasable. Eso es el "enunciado VM". Lo demás, tanto Habermas como Apel, son maniobras para evitar esa verdad incómoda, para mantener la esperanza de un futuro perfecto que quite hierro al asunto.
Los tres plexos de sentido que identifica:
1.
Fundamento último (verdad): la gloria, lo sagrado germánico, lo irrebasable. Antes del diálogo.
2.
Diálogo formal (razón): el procedimiento para gestionar conflictos. Es lo que hacen Habermas y Apel, pero olvidando el plexo 1.
3.
Acuerdo científico (conocimiento): lo verdadero, falible. Lo que se decide en la asamblea.
La "ideología B" (ocristianaocristianaocristianaocristiana, pogre) secuestra el plexo 2 y lo conecta con el 3, ignorando el 1. Así, la ciencia se pone al servicio de la utopía, y la gloria queda silenciada bajo la promesa de un paraíso terrenal.
La conclusión de Farrerons (sin resumir):
Si Apel fuera coherente filosóficamente, aceptaría que el fundamento último no está en las reglas del diálogo, sino en la facticidad histórica de la gloria. Eso llevaría a una crítica social basada en la finitud, no en la esperanza. Propone, por tanto, una "fenomenología ontológico-hermenéutica de la *Triftigkeit*" que desemboque en el enunciado VM. Es decir, bajar del pedestal platónico de la comunidad ideal y poner los pies en la tierra: la verdad de la existencia es que nos vamos a morir.
Y eso, querido forero, es lo que significa que el fascismo (plegado a lo sacro germánico, a la finitud, a la tragedia) no es una religión secular, sino el reconocimiento del fundamento último que la ocristiandadocristiandadocristiandadocristiandad lleva dos mil años tratando de ocultar con promesas de paraíso. Tómalo como quieras.