La generación que no sale del sótano: ¿culpa del Estado o del bolsillo?
¿Es el Estado español el responsable de que miles de hombres entre 25 y 45 años sigan durmiendo en la habitación de la infancia? La pregunta divide. Hay quien ve un ataque cultural deliberado contra las referencias masculinas. Otros, simplemente, miran la nómina y el precio del alquiler. El diagnóstico no es nuevo, pero sigue sin respuesta única.
La tesis del hombre castrado
La acusación es rotunda: el sistema educativo y el discurso público habrían destruido el tejido social masculino, dejando a toda una generación sin modelos a seguir. En este relato, los nuevos referentes son youtubers o funcionarios, y el único resultado es una masa de titulados que se queda postrada en casa, con nula autoestima y motivación. Es, según esta corriente, un ataque cultural y mental.
La respuesta económica: no es un complot, es la cuenta bancaria
Enfrente, el argumento más terrenal: antes un obrero podía tener familia, coche y pisito. Ahora muchos sueñan con un triste patinete. La comparación con Estados Unidos o Reino Unido, donde incluso quien carece de formación encuentra trabajo para alquilar en solitario, se esgrime como prueba de que aquí el problema no son los referentes, sino la precariedad. Si la hipoteca o el alquiler se comen el salario, da igual cuánta masculinidad tenga uno.
Redefinir la masculinidad al margen del dinero
Hay una tercera vía que desactiva el debate: acusar a quienes miden la hombría por la nómina de confundir masculinidad con esclavitud. El esfuerzo por mejorar intelectualmente, físicamente o por sobreponerse a las dificultades pesaría más que tener un piso en propiedad. En esta lectura, vivir en casa de los padres no te hace menos hombre; te hace más pobre.
Mientras tanto, la discusión oscila entre echar la culpa al Estado, al capitalismo o a los youtubers. Como la mayor parte de los diagnósticos populares, probablemente todos tengan algo de razón. Y ninguna solución a la vista.