El EGO y las disputas que desgastan el foro
¿Qué pasa cuando un espacio que nació para cuestionar el relato oficial se convierte en un patio de colegio donde el que disiente es un enemigo? El diagnóstico que abre la conversación es demoledor: apenas hay temáticas interesantes porque se diluyen entre
disputas y rencillas absurdas. Dos participantes presuntamente doctos, señala el autor del mensaje inicial, discrepan sobre terraplanismo y covidianismo y cada uno cree que el otro se ha tragado una trola.
Ambos no pueden tener razón, pero en sus respectivas mentes así lo creen. El patrón se repite con cristianos y espiritistas, que se descalifican mutuamente sin escucharse.
La tesis de fondo es que el
EGO lo contamina todo. Se divaga sobre su influencia en la vida diaria, pero los actos son puro ego, y aquí se fomenta la separación escudada en el anonimato. La consecuencia, según este diagnóstico, es que el lugar muta hacia un espacio donde no falta el
acoso psicológico y donde, cuanto más tiempo pasa uno alejado, con más claridad ve los detalles. La advertencia final es dura: hay demasiados trastornos mentales en el ambiente y demasiado odio.
Acusaciones sobre el subforo de conspiraciones
La respuesta no se hace esperar. Uno de los participantes dice estar haciendo un
experimento sociológico basado en el conductismo y confiesa que su objetivo es desmontar una de las sectas del foro, concretamente la del subforo de Conspiraciones. Señala a uno de los cabecillas de esa secta como el sujeto al que se refiere el mensaje inicial. La acusación no es nueva: la idea de que hay grupitos que influyen en la opinión ajena y que emplean las mismas tácticas de ridiculización que los gestores del sistema aparece varias veces en la conversación.
Otro participante responde con una imagen clásica:
cuando el diablo se aburre, mata moscas con el rabo. Su diagnóstico es que el aburrimiento convierte la única diversión en adoctrinar al otro. Y añade un matiz interesante: no es cuestión de que falten temas, es que ya se ha dicho todo una y otra vez. Los únicos asuntos que le parecen valiosos son los que hablan de las personas y de su vida, aunque sea por encima y sin detalles personales.
El cine importa cuando habla de la gente; si no hablamos de nosotros, no hablamos de nada.
El choque entre espiritualidad y conducta
Uno de los momentos más tensos llega cuando se cuestiona la coherencia entre el discurso espiritual y los actos. Un participante le dice a otro que sus mensajes espirituales chocan con sus actos hasta el punto de que no le resultan
cien por cien reales. Lo compara con un amigo embaucador que sabía qué decir para ligar pero no sentía lo que decía. La respuesta no se queda corta: se acusa al interlocutor de tener una viga en el ojo, de ser un cani descerebrado incapaz de usar bien un bot y de pretender que otro pague por sus errores. El intercambio acaba con un
afectuosamente, maestro que suena a todo menos afectuoso.
La discusión deriva hacia la idea de que el 99% defiende en última instancia la necesidad de un sistema, y que ese sistema es por defecto el adversario al que se da alimento. Aparece entonces la hipótesis de la simulación: imaginar que esto es una realidad simulada para poner a prueba la conciencia y que estamos a punto de transitar una separación entre dos realidades, una material y otra espiritual. La respuesta es escéptica: la simulación es más justa de lo que nos gusta admitir, las cosas se ganan con el sudor de la frente y con el sudor de los antepasados se crea un linaje. La teoría de este participante es que ya estuvimos en el perfecto Edén y era aburrido.
Hilos que desaparecen y datos que se extraen
El foco cambia cuando se aborda la gestión del propio espacio. Se denuncia que se promueven temas banales que no atraen a nadie interesado en información real, que el subforo de Conspiraciones se ha convertido en un
honey pot donde los que aportan valor se cansan, y que abundan los hilos de extracción de datos personales. Se mencionan casos concretos: hilos sobre carta natal para sacar fechas de nacimiento, chats que sirven para lo mismo. La acusación es que hay
gestores y community managers trabajando dentro.
La polémica se aviva cuando se denuncia que un hilo entero desapareció un día sin que el usuario estuviera dado de baja, algo que, se argumenta, no se puede hacer salvo que se tengan permisos especiales. La respuesta de otro participante es que un hilo puede desaparecer porque lo borre un moderador, no necesariamente el autor. Y añade un dato relevante: la política de privacidad establece que los datos personales se conservan mientras se usan los foros y hasta que el usuario solicita su baja; a partir de ese momento quedan bloqueados durante
tres años, disponibles para jueces, tribunales y la Agencia Española de Protección de Datos.
El derecho a borrar las palabras propias y las ajenas
Uno de los participantes más activos en este tramo pone el foco en un problema de autoría. Le molesta la política de dar de baja hilos completos con la participación de decenas de personas porque al autor original se le ocurra irse. Su argumento es claro: si alguien quiere borrar su cuenta y con ello todas sus participaciones, allá él, pero que además se borren las participaciones de otros es
violar su derecho de autoría. En foros decentes, dice, las razones de la moderación suelen ser razonables o al menos discutibles, pero borrar la participación ajena por decisión del autor original no lo es.
La contrarréplica llega con otro ángulo: apegarse tanto a las palabras que uno suelta es de alguien tocado de la cabeza, y más en hilos viejos por los que ya no pasa nadie. Lo que no entiende es el afán de llamar trol a alguien que se marcha, como si aquí se firmara un contrato de por vida. Inventarse conspiraciones sobre gente que no está para defenderse demuestra, según esta postura, que a veces la moral es de la boca para afuera. La discusión queda abierta, sin resolución.
El reflejo de una sociedad y el peso del ego
En los mensajes más valorados aparece una comparación con otros países. Un participante dice estar registrado en más de
doscientos foros de todo el mundo y sostiene que el insulto fácil solo sucede en Argentina, España, Italia y países sudamericanos. En otros espacios, afirma, puedes poner lo que quieras sin que la gente te insulte. Su conclusión es que aquí hay que defender lo que escribes contra señores de cincuenta años muy influenciados por la política y jóvenes criados en foros de coches. Frente a esto, otro responde que Reddit tiene subforos que son lo peor de internet.
La reflexión sobre el ego cierra el círculo. Se argumenta que la finalidad principal de ser conspiranoico es creerse más listo que los demás, especial e iluminado, un elegido que ha despertado frente a una mayoría aborregada. El contenido da igual: terraplanismo, tierra hueca, élites, extraterrestres o todas a la vez. En ese contexto,
¿cómo no va a haber choques de ego? La respuesta de otro participante es que en un foro de conspiraciones la gente viene a abrir su mente, no a hacer amigos, y que si alguien te dice que no, le pones de merluzo para arriba. Y una advertencia final: quien se considera superespiritual y avanzado suele tener un ego más grande que una montaña.
Al final, la conclusión que se impone es la de siempre: el problema no es el tema, es quién lo discute. Y mientras tanto, el foro sigue ahí, esperando a que alguien se dé cuenta de que el enemigo no era el otro.