El apagón que The Telegraph atribuye a un experimento del Gobierno
El apagón más grave sufrido por un país desarrollado en tiempos modernos dejó a millones de españoles sin suministro. Y la paradoja nace ahí: la red volvió a levantarse con una velocidad que, en lugar de disipar dudas, las multiplicó. En los sistemas críticos rige una máxima incómoda: quien resuelve un fallo en minutos es porque sabía de antemano qué se había roto. Sobre esa intuición ha construido The Telegraph una tesis que el Gobierno rechaza, según la cual el colapso del lunes 28 no fue un accidente, sino un experimento con energías renovables.
Qué sostiene The Telegraph sobre el apagón
El diario británico, citando fuentes de Bruselas, sitúa el origen del apagón en una prueba del Ejecutivo para «evaluar hasta dónde podrían aumentar la dependencia de las renovables» antes de la desconexión nuclear prevista a partir de 2027. En su versión, el Gobierno socialista de Pedro Sánchez debería estar en el banquillo, no las energías verdes: le atribuye haber forzado un test con un mix inadecuado, tapar la investigación y haber invertido en la red eléctrica menos de la mitad que otros países europeos.
El artículo no se queda en el diagnóstico técnico. Habla, sin matices, del «hedor de un encubrimiento» y describe el episodio como el peor fallo eléctrico de un país desarrollado en la era moderna. La reacción fue inmediata: unos lo leyeron como la confirmación de lo que sospechaban desde el primer día; otros, como una soflama de la prensa conservadora británica.
Los datos que alimentan la sospecha
La pieza que más ha circulado no es una opinión, sino una cifra. Red Eléctrica pasó de apoyarse en 20 centrales de gas y energía nuclear el domingo 27 a apenas 10 el lunes 28, el día del desastre. Es decir, la red operaba con la mitad del respaldo con el que venía funcionando la víspera justo cuando se fue todo a la oscuridad.
A ese dato se suman otros dos. Un experto en redes eléctricas señaló que, según las gráficas de aquel día, ninguna central hidroeléctrica estaba conectada al sistema. Y el suministro empezó a restablecerse en el sur de Cataluña gracias a Ribarroja, una central hidráulica pequeña pero autónoma. Para una parte del análisis técnico, todo apunta a un problema de gestión del operador, no a un ataque informático.
La estadística de generación también se ha movido. Las renovables pasaron de aportar el 71-73% el día del apagón a un 40-50% en jornadas posteriores de sol y viento, un descenso que hay quien interpreta como una vuelta a un mix más conservador tras el susto.
La ministra, Red Eléctrica y la acción de oro
El foco político se ha puesto sobre dos presencias y un mecanismo. Según las versiones que circulan, la ministra de Transición Ecológica, Sara Aagesen, estaba en la sala de control de Red Eléctrica una hora antes del apagón, algo que alimenta la lectura del «experimento». A la presidenta del operador, Beatriz Corredor, se le atribuye haber estado también allí en ese momento. Ninguna de esas coincidencias ha sido confirmada oficialmente.
En plano estructural se añade la acción de oro del Estado sobre Red Eléctrica, que para los críticos equivale a un control de facto y, sostienen, incumple normas europeas. El control del operador por parte del Gobierno se ha convertido en el eje de la desconfianza hacia la investigación.
Del ataque ruso al sabotaje anarquista
Ninguna explicación ha quedado libre de polémica. La hipótesis de un ciberataque ruso circuló desde el primer día y ha sido rechazada de plano por quienes ven en ella una cortina de humo. En paralelo se registró un segundo apagón en Francia, esta vez en la Costa Azul, reivindicado por bandas anarquistas en un comunicado enviado a Indymedia que mencionaba el festival de Cannes.
Y una línea de defensa recurrente: que el diario británico exagera, que Reino Unido está peor y que él también forma parte del relato. Sobre el terreno, sin embargo, persiste lo que casi nadie discute: un mes después, sin explicación oficial cerrada.
El balance que no cuadra y la pregunta abierta
Hay quien cifra el coste humano en 8 muertos y más de 25 afectados graves, un balance que no consta confirmado en las comunicaciones oficiales. Lo que sí es un hecho es el silencio: las semanas pasan y la causa exacta de los minutos previos al colapso sigue sin despejarse.
Con la desconexión nuclear de 2027 en el calendario y la red operando con menos respaldo del que tenía la víspera, la pregunta ya no es qué se rompió, sino si alguien necesitaba saberlo de antemano. ¿Se puede llamar accidente a algo que se reparó tan rápido como si estuviera previsto?