El día de la revelación: la película de Spielberg que los ufólogos adoran y el público masivo rechaza
La última obra de Steven Spielberg, estrenada en 2026, ha generado un curioso fenómeno: mientras el espectador medio abandona la sala con la sensación de haber visto un capítulo sobredimensionado de Cuarto Milenio, los seguidores del fenómeno OVNI la califican como una de las películas más profundas jamás realizadas sobre el contacto extraterrestre. ¿Qué contiene que enciende esa pasión?
Un lienzo de referencias ufológicas
Para quien conoce la literatura del campo —desde Jacques Vallée hasta los casos de Caravaca—, cada escena está cargada de guiños. La película no ofrece una invasión hollywoodiense, sino un teatro mental montado por entidades grises que leen la mente de los protagonistas y proyectan sus arquetipos, un concepto que remite directamente al llamado «factor absurdo» de Vallée. Quien no maneje esas claves se topa con una trama que parece no llevar a ninguna parte.
La escena de Nixon que enciende la polémica
Uno de los pasajes más discutidos muestra a Richard Nixon enseñando los cadáveres de Roswell a un presentador televisivo. La crítica la tachó de caricatura, pero los analistas ufológicos sostienen que el episodio es rigurosamente histórico: Nixon reveló secretos de Estado a un cómico para impresionarlo, y a raíz de ello el estamento militar decidió no informar a los presidentes. La película recoge ese debate y lo convierte en un arma narrativa contra la credulidad oficial.
El final que todos recuerdan
Los últimos minutos, calificados por el escritor Javier Sierra como la cúspide del filme, condensan la tesis de Spielberg: la comunicación no violenta y la escucha como único canal viable con lo desconocido. El «escuchad» final, aunque a medio gas para algunos, es un homenaje directo a las teorías de los contactados y a la corriente empática de la ufología.
¿Estamos ante una obra maestra de culto o ante un ejercicio de autocomplacencia para iniciados? La respuesta depende de cuántos libros de ovnis tenga uno en la mesilla.