De las hipotecas fijas al precipicio: la caída de Simón y Silvia
A comienzos de marzo de 2025, Trustpilot acumulaba reseñas que definían a Locowin, un casino online sin licencia, como «una engaña»: una valoración de 1,6 sobre 5, retiradas que no llegan y dos nombres señalados por supuestos juicios pendientes por más de un millón de euros. Esos nombres son Simón Pérez y Silvia Charro, la pareja que en 2017 se hizo viral explicando hipotecas a tipo fijo y que ahora protagoniza uno de los descensos más documentados de la economía del influencer. El recorrido es un manual de cómo el marketing sustituye al producto.
El origen: la pareja que hizo viral las hipotecas fijas
Ambos procedían de la banca. Según los testimonios recopilados, el vídeo que les lanzó a la fama les mostraba como comerciales cercanos que explicaban las ventajas de las hipotecas a tipo fijo. La naturalidad, a veces con el lenguaje desinhibido de quien toma una copa de más, les granjeó una audiencia fiel. Con el tiempo, esa audiencia se convirtió en una comunidad de pago: cursos de inversión, acceso a un «club de diplomáticos» y retos por cinco euros.
La evolución fue de manual. Primero llegaron las promesas de rentabilidad y las empresas pantalla. Después, los problemas de adicción, las peleas en directo y las deudas con la Agencia Tributaria. La anécdota que resume el cambio de era la rescató un medio cuando tituló la historia de su decadencia: «de trabajar en banca a lanzar impresoras por la ventana por dinero».
Neotecalia y Green Capital: el primer agujero
El testimonio más detallado corresponde a un inversor que en 2019 puso 5.000 euros en Neotecalia, una empresa que supuestamente intermediaba hipotecas para particulares. La firma nunca cumplió su propósito. En la misma estela aparece Green Capital, otro proyecto que, según los afectados, engrosó la lista de inversiones fallidas. La captación de capital se apoyaba en la fama del vídeo viral y en la promesa de retornos garantizados.
Las capturas de 2017 recuperadas de la Wayback Machine muestran una imagen todavía más ambiciosa: Simón presuntamente gestionaba un patrimonio de casi 60 millones de euros con 350 clientes, ofreciendo una rentabilidad anual «garantizada» de al menos el 10%. La distancia entre esa cifra y la realidad posterior es el eje del caso. Ningún proyecto verificable sostiene esas cifras, y el único documento que las respalda es una captura de pantalla.
Del curso de inversión al casino: la economía de la comunidad
El modelo de negocio no dependía solo de las inversiones. La pareja monetizaba la atención directa: donaciones, «retos», contenido exclusivo y menciones de pago. La espiral se aceleró con el juego online. Locowin, un casino sin licencia con una valoración de 1,6 sobre 5 en Trustpilot, se convirtió en una fuente de ingresos y, a la vez, en una bandera de las sospechas.
Las reseñas de marzo de 2025 describen un patrón: depósitos aceptados, retiradas que nunca llegan, errores constantes. Los comentarios sobre el casino señalaban directamente a Simón y Silvia como promotores en España, con «juicios pendientes por robar más de un millón de euros». Locowin llegó a expulsar a Simón, que encontró refugio en Kick, donde continuó pidiendo donaciones para jugar al avión, el famoso Aviator.
Adicciones, violencia y el ingreso en escena
El deterioro personal se hizo público. Los directos mostraron peleas de pareja con acusaciones cruzadas de malos tratos y un lenguaje cada vez más violento. La conversación giró hacia el consumo de sustancias: los «bocadillos de pollo» con los que se referían a las dosis de sustancia ilegal, las mezclas caseras con bicarbonato y, finalmente, el supuesto ingreso en un centro de desintoxicación.
Ese ingreso se convirtió en otra función. Primero pidieron 1.000 euros para la «fuga», luego 500, pero el desenlace fue que solo se llegaron a usar 30 euros. La sospecha de que todo era un montaje para exprimir a los seguidores más fieles cayó como una losa sobre la credibilidad que les quedaba. El público comenzó a ver la historia como una temporada más de un reality show, con crónica zain incluida.
La gloria en Vilanova y el cerco social
El punto de inflexión fue la gloria de un vecino en Vilanova i la Geltrú. El suceso, vinculado por el entorno local a los retos y al estilo de vida de la pareja, encendió las alarmas. La comunidad dejó de ver con simpatía las ocurrencias de los streamers y empezó a tratarlos como un problema público. Las grabaciones de audio en las que se identificaba la voz de Simón en el momento del suceso circularon con fuerza, aunque sin confirmación oficial.
La repercusión mediática no tardó. La pareja pasó de ser una curiosidad a un caso de sucesos. La fruta de Vilanova como pueblo tranquilo chocaba con los vídeos de Simón despotricando contra los vecinos y anunciando que «lo iban a liarla por el pueblo». El daño local fue un factor determinante en el giro final de la historia.
Orden judicial, cierre de redes y el intento de fuga
En el último tramo del seguimiento, Simón anunció en directo que un juez había ordenado cerrar sus redes sociales por una inhabilitación. Pidió un «fondo fuga» para salir de España y evitar la orden. El escepticismo fue general: las mismas promesas se habían repetido antes, y las cuentas no cuadraban. Las deudas con la seguridad social, el alquiler impagado y los acreedores que se acumulaban dibujaban un balance imposible de sostener.
El cierre del canal se convirtió en un episodio más de una trama que ya no se rige por la lógica económica, sino por la inercia del precipicio. Nadie sabía si la orden judicial era real o si volverían a aparecer en otra plataforma con un nuevo nombre. La historia quedó abierta, con Simón pidiendo donaciones para un país imposible y con su pareja, Silvia, como testigo mudo de un segarro que empezó con una hipoteca y acabó con una orden de fuga.
Cuando el relato oficial de un influencer se segarro, queda la contabilidad de los daños. En ese balance, los 5.000 euros del inversor de Neotecalia son la menor de las pérdidas.