Alcàsser: el documental fantasma y la mancha de sangre sin confirmar
El caso Alcàsser sigue sin resolverse. Treinta y tres años después del triple crimen, lo que más ha crecido no es el número de pruebas, sino el de canales que las venden. La industria que orbita alrededor del sumario —documentales anunciados, entrevistas exclusivas, pruebas estrella— cotiza al alza, y la última novedad recurrente es una «posible» mancha de sangre que nadie ha confirmado si es sangre ni a quién pertenece.
El asunto vuelve al primer plano coincidiendo con el aniversario y con una pseudo-entrevista a Miguel Ricart que ha copado medios generalistas. Pero el ruido ya no procede de los tribunales: viene del ecosistema de creadores de contenido que recicla el mismo material desde hace tres décadas y lo presenta como hallazgo reciente.
La mancha de sangre que situaría a Anglés en el copiloto
La tesis más repetida apunta a una mancha de sangre en el respaldo del asiento del copiloto del vehículo, un rastro que encajaría con la versión de que Antonio Anglés viajaba en ese asiento y agredió a una de las víctimas causándole una hemorragia. Sobre el papel, es la clase de detalle que a un sumario le falta para atar un cabo.
La realidad es bastante más frágil. No consta que el rastro sea sangre, ni de quién, ni que Anglés siguiera vivo el día de los hechos, ni —sobre todo— que su participación haya quedado demostrada. A eso se suma una contradicción forense que nadie cierra: mientras el relato de Ricart describe cuerpos ensangrentados, el análisis médico sostiene que las heridas pudieron no sangrar. Un detalle incómodo cuando la pieza central de la hipótesis es, precisamente, una mancha.
El documental que nunca se estrena y el pentotal que nunca se ve
El segundo frente es el del creador de contenido Manu Giménez, conocido como «El Disidente», que anunció un documental sobre el caso y una prueba de pentotal —el llamado «suero de la verdad»— practicada a Ricart para avalar su inocencia. Del documental no se ha emitido un solo fotograma relevante. De la prueba, tampoco: las críticas señalan que se habló primero de cinco sustancias y después de nueve, que no se ha mostrado ni un minuto de la supuesta administración y que la ubicación de la clínica —una consulta en Londres— mutó de sede sin explicación.
En una entrevista televisiva posterior, el pentotal, el polígrafo y la hipnosis desaparecieron del relato. Quienes le han cuestionado sostienen que el documental existe como reclamo, no como producto. Conviene precisar que son acusaciones vertidas por terceros y no hechos probados en sede judicial.
Del dinero de la Fundació al dinero de la audiencia
Hubo un tiempo en que aquí se peleaba por dinero: las Diligencias Previas 240/2003 investigaron el destino de las donaciones a la Fundació, y el asunto se sobreseyó provisionalmente en Picassent el 6 de abril de 2006. Aquel pleito quedó en nada. El de ahora es más rentable y menos fiscalizable: la moneda es la audiencia.
El resultado es un concurso de popularidad donde los mismos nombres que se descalificaban ayer pactan entrevistas hoy, y donde los canales se acusan mutuamente de copiar del libro ajeno mientras blindan su propia cuota. Un detalle sirve de muestra: hay quien sostiene que una de las «amistades de las niñas» que ahora se vende como testimonio inédito reproduce, párrafo a párrafo, entrevistas publicadas en prensa y en libros en 1993.
Otra coincidencia curiosa: semanas antes de que Ricart cambiara su versión sobre el lugar de los hechos —de una fábrica abandonada en Catadau a la caseta de Tous—, un veterano periodista de sucesos ya daba por hecho ese cambio de escenario. Filtración o casualidad, nadie lo explica.
Los hermanos Anglés y el hombre que nunca declaró
Antonio Anglés desapareció y nunca prestó declaración. Esa es la razón técnica por la que su participación no puede darse por probada: sin declaración, no hay condena. La sentencia, sin embargo, dejó abierta la posible intervención de terceros. Sus hermanos, Enrique y Roberto, fallecieron en julio y agosto de 2022 —uno por enfermedad, otro por hepatitis—, cerrando la vía de cualquier testimonio familiar directo.
Los nudos de Frontela y las versiones de Ricart
El forense Frontela sostuvo que los nudos de las ataduras no eran compatibles con una ejecución torpe ni con una persona bajo los efectos de estupefacientes, y apuntó a perfiles con conocimientos de cabuyería —mar1, militares—. Es el tipo de dato que la cultura del true crime sobredimensiona hasta convertirlo en prueba indiciaria cuando, en rigor, es una hipótesis pericial más. En el otro lado de la balanza, Ricart acumula dieciséis versiones distintas de los hechos, lo que convierte cualquier testimonio suyo en material de dudosa utilidad probatoria.
Con este panorama, lo previsible es que el caso siga generando contenido —y dinero— durante años sin acercarse a una respuesta. La mancha seguirá sin analizarse en firme, el documental seguirá anunciándose y Ricart seguirá sumando versiones. Si algo cambia, no será por un canal de vídeo.