Anged pide 16.000 extranjeros para cubrir vacantes mientras el paro supera los 3 millones
¿Por qué pedir trabajadores extranjeros cuando hay millones de parados en España? Esa es la pregunta que flota tras la petición urgente de la Asociación Nacional de Grandes Empresas de Distribución (Anged), que agrupa a El Corte Inglés, Carrefour e Ikea. Según su presidente, ocho de cada diez empresas asociadas tienen dificultades para encontrar empleados. Solicitan un plan de inmi gración que traiga 16.000 trabajadores para cubrir vacantes en sus negocios. El dato choca frontalmente con la realidad del mercado laboral español: 3 millones de parados registrados y 2,3 millones de personas cobrando el Ingreso Mínimo Vital (IMV).
153.000 puestos sin cubrir... y 2,3 millones cobrando el IMV
Anged asegura que en España hay 153.000 puestos de trabajo sin cubrir, y que el sector comercio necesita perfiles con formación en nuevas tecnologías. Pero la cifra de parados es veinte veces superior. La patronal reclama «un marco de relaciones laborales flexible», eufemismo que muchos interpretan como la posibilidad de pagar menos y despedir con más facilidad. Mientras, los datos oficiales muestran que el IMV lo perciben 2,3 millones de personas, una cifra que ha crecido tras las regularizaciones masivas de forasteros entre 2020 y 2024. «Cuanta más gente se regulariza, más suben los perceptores de ayudas», señalan fuentes del análisis económico. La paradoja es que la propia regularización puede estar alimentando la desincentivación laboral.
El contraste con Mercadona: 100 candidatos por oferta
Mientras El Corte Inglés, Carrefour e Ikea claman por mano de obra extranjera, Mercadona no parece tener el mismo problema. Cuando publica una oferta, recibe una media de 100 candidaturas. ¿Por qué la diferencia? La respuesta más repetida apunta a los salarios. El Corte Inglés arrastra una imagen de sueldos ajustados y horarios poco atractivos, sobre todo para los más jóvenes. Un cajero con tres años de experiencia puede ganar menos que un ingeniero con quince años de carrera, según algunos testimonios. La fórmula es sencilla: si pagas por debajo del mercado, el mercado no se presenta.
¿Quieres trabajar o prefieres la ayuda?
El discurso empresarial choca con la percepción de una parte de la sociedad. «Hay millones de españoles sin trabajo, no hay necesidad de traer a nadie», se escucha. Pero la realidad burocrática es tozuda: las empresas no contratan a parados de larga duración porque los consideran «sobrecualificados» o «sin la disposición adecuada». La flexibilidad que piden se traduce en contratos temporales, horarios partidos y sueldos que apenas superan el Salario Mínimo Interprofesional. Frente a eso, el IMV ofrece una renta garantizada sin horarios. No hace falta ser economista para entender la elección racional de muchos.
La trampa del ‘efecto llamada’
Algunos análisis apuntan a un círculo vicioso: las empresas presionan para traer trabajadores extranjeros dispuestos a aceptar condiciones peores, esos trabajadores acaban regularizándose y, al poco tiempo, pasan a engrosar las listas del IMV. Entonces se necesita una nueva remesa. El sistema se retroalimenta. La regularización anunciada por el Gobierno entre 2020 y 2024 habría incorporado a más de un millón de personas, pero sin que se note en el mercado laboral formal. Al contrario, el número de perceptores de ayudas no deja de crecer.
Ironía del destino: el perfil del cliente
El cliente tipo de El Corte Inglés es un septuagenario con pensión superior a 2.500 euros. Una generación que se está extinguiendo. Cuando desaparezca, el modelo de negocio del gran almacén podría tambalearse. Mientras tanto, piden trabajadores extranjeros para atender a una clientela que no quiere ser atendida por ellos. «No me veo comprando con Mamadou o Yeison», se lee en las redes. Sea por racismo o por nostalgia, el choque cultural ya está aquí. Y la economía, como siempre, se ríe de las buenas intenciones.
Al final, la petición de Anged no es más que la punta del iceberg de un mercado laboral disfuncional donde nadie quiere pagar lo que cuesta un buen trabajador, y donde el Estado financia la renuncia. Mientras la patronal pide más inmi gración, los jóvenes españoles se van al extranjero. Y el sistema sigue girando, imparable.