La venganza de Dragut: una pirámide de 5.000 cráneos españoles
¿Sabía que durante casi tres siglos hubo una torre de calaveras humanas en una isla tunecina? Tras la batalla de Yerba (1560), el corsario otomano Dragut ordenó decapitar a los 5.000 soldados y marineros españoles que se habían rendido. Con sus cráneos y huesos, construyó un monumento de terror: la Torre de las Calaveras, de más de 10 metros de altura.
El episodio forma parte de la lucha por el dominio del Mediterráneo en el siglo XVI. España, entonces primera potencia europea, sufría constantes ataques de la alianza otomano-bereber. Dragut, almirante temido, ya había arrasado Cullera (Valencia) en 1550 y participado en la toma de Trípoli un año después. Pero su mayor golpe fue la destrucción de la flota española en Yerba, donde solo escaparon Andrea Doria y el Duque de Medinaceli.
La torre que causó terror
El monumento, descrito por viajeros de la época, se alzaba al oeste del fuerte Burj es-Souk. Medía 34 pies (10,3 m) de alto y 24 pies (7,3 m) de diámetro en la base. Los cráneos, unidos con arcilla, descansaban sobre una base de huesos de brazos y piernas. La pirámide permaneció en pie hasta su demolición en el siglo XIX.
Memoria viva en las costas españolas
Hoy, localidades como Cullera y Pollença (Mallorca) recuerdan aquellos desembarcos con fiestas de Moros y Cristianos. En 1550, Dragut dejó Cullera prácticamente despoblada; una semana después, en Pollença, los vecinos dirigidos por Joan Mas lograron rechazarle. La memoria histórica convive con la paradoja de que, mientras los cráneos de los caídos desaparecieron, las celebraciones populares mantienen vivo un conflicto que marcó el Mediterráneo.
El mercado de esclavos de Estambul (Dar al-Raqiq) recibía cautivos de todas las orillas. Como ironiza un participante del debate: «Ante ese destino, mejor la muerte». La Torre de las Calaveras fue un aviso macabro de que la guerra sin cuartel no conocía clemencia.