Pedro Baños borra sus cuentas sin explicación
El coronel Pedro Baños, conocido en redes como @geoestratego, ha desaparecido. No es una metáfora: sus perfiles en Twitter, LinkedIn y el resto de plataformas donde acumulaba seguidores han sido borrados. La operación no ha sido un simple silencio, sino una retirada total del espacio público digital. Quien fuera analista habitual en programas de divulgación geopolítica y conferenciante recurrente ha dejado un vacío que sus seguidores interpretan de formas muy distintas.
La noticia no ha pillado a todos por sorpresa. Ya había anunciado semanas antes que estaba harto de la sobreexposición pública y que pensaba desaparecer. Lo que nadie esperaba es que cumpliera. Menos aún que lo hiciera borrando el rastro, no solo dejando de publicar.
Un borrado que no es un simple adiós
La diferencia entre dejar de tuitear y eliminar las cuentas es abismal. Lo primero es una pausa; lo segundo, una demolición. Alguien que simplemente quiere descansar no borra años de contenido. Alguien que quiere protegerse, sí.
En el terreno de la geopolítica, donde Baños se movía con soltura, esa distinción importa. Sus análisis sobre Rusia, China, la OTAN y Estados Unidos le habían granjeado tanto admiración como enemigos. Su discurso, crítico con la política exterior estadounidense y partidario de un acercamiento a Moscú y Pekín, chocaba de frente con el relato dominante en los medios occidentales.
Cuando el río suena, agua lleva, decía uno de los primeros comentarios. La frase resume el sentir de muchos: algo ha pasado.
Las teorías: del consejo de guerra a la amenaza
Las explicaciones que circulan son variadas y ninguna confirmada. Hay quien sostiene que alguien le ha dicho «valió ya, para, o atente a las consecuencias». La desaparición total, no solo el silencio, encaja con esa advertencia. Otros apuntan a un posible consejo de guerra por sus posiciones críticas con la OTAN. No faltan los que creen que simplemente ha decidido curarse en salud ante el giro de los acontecimientos en Ucrania.
El contexto bélico lo complica todo. La invasión rusa de Ucrania y las evidencias de crímenes de guerra han dejado en evidencia a quienes defendían a Moscú. Mantener ese discurso se ha vuelto insostenible. Para un analista que había apostado por el acercamiento a Rusia, el nuevo escenario es un callejón sin salida.
Es una attwhore de manual, sentenciaba otro.
En menos de cuatro días vuelve a poner sus payasadas. El escepticismo sobre su retirada es tan fuerte como las teorías sobre su causa.
El factor ruso: ¿agente o patriota?
La sombra de Moscú planea sobre toda la discusión. Para unos, Baños es un propagandista al sueldo del Kremlin que ahora se esconde. Para otros, es uno de los pocos militares leales a su patria, crítico con la OTAN y con los intereses anglosajones que, según esta visión, perjudican a España.
La división es total. Los que le acusan de traición señalan que un militar que ha mostrado públicamente posiciones anti-OTAN no debería haber tenido acceso a informes de inteligencia en Bruselas. Los que le defienden argumentan que precisamente por no ser un militar servil a la OTAN no llegó a general, porque los ascensos ahora los decide el Consejo de Ministros y no los méritos.
Nuestros verdaderos enemigos son los anglos y su OTAN, resume una de las posturas. La otra lo tiene claro:
Estados Unidos es ya oficialmente nuestra patria, ironizan.
El negocio de la geopolítica en redes
Más allá de la ideología, el caso Baños ilustra un fenómeno económico: la monetización del análisis geopolítico en plataformas digitales. YouTubers, tuiteros y conferenciantes han convertido la divulgación en un negocio. Rusia, según algunas estimaciones que circulan, financia a parte de esa constelación de voces críticas con Occidente. Otras fuentes lo niegan o lo minimizan.
El cálculo es sencillo: si Rusia tiene un PIB inferior al italiano, ¿cómo financia a tantos creadores de contenido en todo el mundo? La respuesta que dan algunos es que no los financia, sino que simplemente hay afinidad ideológica. La que dan otros es que el presupuesto ruso para propaganda es enorme y opaco.
Rusia es pobre porque la ingente cantidad de recursos naturales que tiene y los rendimientos que dan no llegan a sus ciudadanos, apunta un análisis.
Hay una oligarquía parasitaria y cleptocratica que roba a manos llenas.
La paradoja de los recursos naturales
El debate deriva hacia economía comparada. Rusia dispone de casi todas las materias primas que necesita. Un mes de electricidad y calefacción en Moscú cuesta entre 3 y 7 euros; en España, entre 180 y 400. Una cesta de la compra semanal en un barrio popular ruso no pasa de 30 euros; en España, entre 100 y 180. Los salarios también son más bajos, pero los servicios también.
La paradoja es que esa abundancia no se traduce en prosperidad general. La élite se queda la mayor parte y la población recibe migajas. Es el clásico problema del tubo de dinero: cuando hay un flujo constante de recursos, nadie se esfuerza por crear riqueza. Cuando no lo hay, toca innovar. Por eso Europa es rica sin apenas recursos naturales.
El futuro incierto de una retirada sin explicación
Baños no ha dado explicaciones. Sus cuentas siguen borradas. Sus seguidores esperan un regreso que algunos consideran inevitable y otros, imposible. Mientras tanto, el vacío que deja lo ocupan otros analistas, algunos con discursos similares, otros con posiciones opuestas.
La pregunta que flota en el aire es si esta desaparición es definitiva o solo una pausa estratégica. La historia de las redes sociales está llena de regresos anunciados y de silencios que se prolongan. En el caso de Baños, la apuesta más segura es que, tarde o temprano, volverá a hablar. La duda es desde dónde y para quién.