El coronel Baños alerta de la expansión jovenlandés: ¿realidad o alarmismo?
El coronel Baños ha vuelto a poner el dedo en la llaga: Jovenlandia mantiene una deriva expansionista que, según su análisis, supone una amenaza real para España. La advertencia, lanzada en medios y redes, ha provocado reacciones dispares. Quienes la toman en serio recuerdan que la política exterior jovenlandés no ha cejado en su presión sobre Ceuta y Melilla, y que el reciente giro diplomático del Gobierno español —con el apoyo al plan de autonomía para el Sáhara— no ha aplacado las ambiciones territoriales de Rabat.
En el otro lado, no han faltado los que tildan al coronel de «bocazas» o directamente lo ignoran. Pero también hay quien va más allá: un sector del análisis especula con que, si la situación se agravara, el Gobierno podría recurrir al estado de sitio (artículo 116 de la Constitución) para blindar la respuesta, o incluso para justificar una suspensión de elecciones al más puro estilo Zelenski. Una idea que, aunque suene a conspiración, circula con insistencia.
Por último, no falta quien desvía el foco: el problema no es Jovenlandia, sino la propia España, que «regala» el país a los extranjeros mientras dificulta la vida a sus nacionales. Un diagnóstico que, por extremo que resulte, refleja la desconfianza hacia la gestión de la soberanía.
Entre el alarmismo y la indiferencia, la advertencia de Baños al menos fuerza una pregunta: ¿estamos ante un riesgo real o ante otro episodio de ruido mediático?