¿Tecnofascismo en Ceuta? La teoría del coronel Baños que nadie traga
¿Estaba el Coronel Baños en lo cierto al denunciar un plan de tecnofascismo en la crisis de Ceuta, o fue un delirio más de un militar retirado que ha encontrado en las redes su segundo cuartel? La cuestión divide al reducido círculo que sigue sus intervenciones, pero los hechos disponibles juegan en su contra.
El contexto de la polémica
El domingo por la noche, en una intervención en directo, el excomandante Antonio Baños vinculó la entrada de miles de migrantes en Ceuta con una estrategia deliberada para implantar lo que denominó «tecno-fascismo». Una afirmación que, en el actual clima de desconfianza institucional, busca gancho pero choca con la realidad de una frontera desbordada y una respuesta policial bajo mínimos.
Las reacciones en el otro lado de la pantalla
Quienes escucharon el programa no se muerden la lengua. «Está más perdido que un hijoputa en el día del padre», resumió un oyente. Otro apuntó que comparar la supuesta tolerancia de España con la de Reino Unido o Francia es ignorar que esos países también están «invadidos a saco». El análisis más duro vino de quienes consideran que la verdadera culpa es de los generales que no dimiten en masa o, directamente, de un gobierno que mira hacia otro lado mientras 20.000 personas entran sin control.
El debate sobre la respuesta ciudadana
Algunos fueron más allá y plantearon la necesidad de que los españoles se armen ante la pasividad del Estado. «Acumular armas. Muchas. Incluso de museos y anuladas», escribió un usuario, reflejando una corriente de pensamiento que ve en la autodefensa la única garantía. Otros, en cambio, tildaron de «cuñao» al coronel y calificaron su teoría de simple postureo ideológico: «Tecno-fascismo vende más que TIRANÍA COMUNISTA», ironizaron.
Con estos mimbres, la tesis de Baños se queda coja. La falta de pruebas y la ausencia de apoyos más allá de su propio canal la convierten en una teoría más para consumo interno de círculos conspirativos. Mientras, en Ceuta la tensión sigue sin resolverse, y el tecnofascismo parece, por ahora, un fantasma mucho menos peligroso que la inacción real.