El conde Lequio vendio su posado mejor que su titulo
En los 90, el nombre de Alessandro Lequio no sonaba por su titulo nobiliario —de autenticidad mas que dudosa— sino por una foto. La revista Interviu publico un desnudo integral del entonces joven conde, y el revuelo fue tal que un aficionado llego a pagar 5.000 pesetas a un intermediario para conseguir el ejemplar. El posado, que luego se supo pactado, situo a Lequio en el centro de la conversacion nacional.
Marketing bien ejecutado
Mas alla del morbo, el caso es un ejemplo temprano de gestion de marca personal. Lequio, de origen italiano y sin rentas nobles consistentes, supo que su fisico era su activo mas liquido y lo capitalizo. El posado no fue improvisado: el conde sabia lo que hacia y como hacerlo. La imagen —un cuerpo tonificado y una pose calculada— se convirtio en un referente estetico de la epoca. Algunos analistas sostienen que, sin aquella foto, Lequio habria pasado desapercibido como un aristocrata menor mas.
La paradoja del conde falso
Irnicamente, Lequio era un conde de boquilla. Su titulo, segun diversas fuentes, carecia de validez legal en Espana. Pero eso no importaba: el posado funciono como certificado de autenticidad popular. La audiencia prefirio la verdad del cuerpo a la veracidad del blason. El episodio revela como, en el incipiente culto a la celebridad, la imagen podia mas que el origen.
Cinco pesetas de entonces daban para mucho, pero el retorno de inversion del posado fue gigantesco. Lequio siguio viviendo de la exposicion mediatica durante decadas. La pregunto que queda es: seguimos hablando de aquella foto treinta años despues, y eso, en terminos de marketing, no tiene precio.