El 40% de los niños de 0 a 4 años en Francia son hijos o nietos de inmigrantes
En abril de 2023, Pierre Brochand, exembajador y antiguo jefe de los servicios secretos franceses, puso una cifra encima de la mesa:
alrededor del 40% de los niños de entre 0 y 4 años en Francia son hijos o nietos de inmigrantes. Su diagnóstico tenía dos salidas y ninguna buena: implosión progresiva de la confianza social o explosiones sucesivas.
El debate aborda también los disturbios de julio, las cuentas del gasto público y el posible efecto en España.
¿Qué dijo Pierre Brochand sobre la inmigración en Francia?
Brochand fue embajador y dirigió los servicios secretos franceses. Su tesis es que la política de puertas abiertas mantenida durante décadas no solo empobrece al país, sino que amenaza con llevarlo a enfrentamientos abiertos. Lo resumió así:
hace cincuenta años Francia tenía los mejores servicios públicos del mundo, y hoy se queja de su bajo nivel. La pregunta que lanza al aire es qué ha pasado en ese tiempo.
Añade cifras:
450.000 personas entran cada año sin haber contribuido a la infraestructura que usan desde el primer día, y 2,6 millones de personas acogidas en los últimos cinco años.
Las cifras que sostienen el aviso demográfico
Los datos manejados son de tres tipos: entradas —450.000 al año—, stock acumulado —2,6 millones en cinco años— y estructura de población. Sobre este último punto, un informe del
Institut Montaigne, un centro de estudios francés, señaló que el
32% de la población menor de 60 años tiene origen inmigrante.
El artículo recuerda que la sustitución demográfica se despachaba como
teoría conspirativa de extrema derecha hasta que un informe como el del Institut Montaigne la llevó al terreno de los datos.
El coste económico: servicios públicos y contribuyentes netos
El argumento económico también aparece en el debate. Se sostiene que la llegada de población poco cualificada desde estados fallidos presiona unos servicios públicos ya tensionados, porque —se argumenta— buena parte de quienes llegan son perceptores netos: reciben prestaciones y apenas aportan a la financiación del sistema. En el lado opuesto, la réplica clásica: las sociedades europeas envejecen, no tienen hijos y necesitan mano de obra para sostener las pensiones.
Julio de 2023: la muerte de Nahel y los disturbios
En julio de 2023 el asunto dejó de ser teórico.
Nahel, un joven de 17 años y origen argelino, conducía sin carné y se dio a la fuga cuando un policía le pidió que parase. El agente abrió fuego y lo mató. La chispa prendió en un suburbio cualquiera y, según ese análisis, estuvo a punto de arrastrar al país a un conflicto abierto.
Las escenas se repitieron en Marsella, Estrasburgo y otras ciudades: vehículos policiales vandalizados y pancartas con mensajes de expulsión. Que apareciera una sola pancarta con ese mensaje se leyó como síntoma:
hace quince años era impensable, venía a decirse.
El paralelismo con España: 600 millones de hispanohablantes
La conversación derivó pronto hacia España. El argumento más repetido es que el país arrastra una vulnerabilidad estructural propia:
600 millones de personas hablan español y pueden acceder a la nacionalidad en dos años, lo que convierte cualquier crisis migratoria regional en una presión potencialmente mayor. A eso se suma que
España espera recibir 235.000 extranjeros al año, con un sorpaso de los africanos sobre los latinoamericanos.
No todos comparten el diagnóstico. Hay quien sostiene que España colapsará antes que Francia; frente a esa tesis, otros alegan que la comunidad hispanohablante comparte idioma y cultura, lo que facilitaría la integración.
¿Qué escenarios se manejan para Francia?
El escenario pesimista concluye que la reacción solo puede ser extrema y que cualquier cambio político llegará tarde. El escenario que pone el foco en la economía recuerda que Francia tampoco es viable sin su mercado francófono africano —el franco CFA y el entramado de excolonias—, de modo que su problema sería económico antes que migratorio.
También hay quien no espera gran cosa de los políticos y sostiene que el cambio ya es imparable, por lo que la solución sería reducir la dependencia del sistema.
El propio Brochand advirtió de que, si no se hace nada o se hace poco, Francia se dirige hacia una implosión progresiva de la confianza social o hacia explosiones sucesivas.