Tesla prueba 460.000 km de coche autónomo en España
El coche autopilotado está aquí. O eso sostiene Tesla, que presume de dos años de pruebas de su sistema FSD Supervised por carreteras españolas y 460.000 kilómetros acumulados. El mensaje es tan simple como incómodo: el conductor empieza a sobrar. El problema es que la factura de ese futuro no la va a pagar quien conduce ahora. La pelea real es por el puesto de trabajo, por la propiedad del vehículo y por una cuota anual que todavía no aparece en ninguna nómina.
¿Cuánto cuesta un coche que conduce solo?
Los números que se manejan no son de ciencia ficción. Un Tesla con autopilotaje básico ronda los 35.000 euros; con la función completa, unos 42.000. El Peugeot 3008, un SUV de toda la vida, arranca en 47.000. Y el Cybercab que ya rueda por Estados Unidos, biplaza y sin volante, se coloca por debajo de los 28.000 dólares.
El argumento que se repite no es técnico, es de cartera: si un coche que aparca solo cuesta lo mismo que uno que no, la decisión de compra deja de ser una cuestión de gusto.
La cuota anual que puede arruinar la promesa
El punto que más ampolla levanta es el modelo de negocio. Detrás del sueño del chófer 24 horas asoma una suscripción: hay quien cifra en 800 euros al año el pago por mantener activo el sistema, y quien recuerda que BMW ya cobra mensualmente por encender la calefacción del asiento. La respuesta del fabricante es siempre la misma —pagar por software es pagar por valor—. La del comprador, también repetida: uno cree que ha comprado un coche y descubre que solo ha alquilado las funciones.
Taxistas, camioneros y el oficio que se apaga
El consejo más repetido en este asunto tiene una honestidad brutal: si trabajas al volante, ve haciendo un curso de fontanería. La automatización del transporte no amenaza con un cambio gradual, sino con arrasar el escalón profesional de cientos de miles de personas. Que la transición tarde dos años o diez no altera la dirección del viaje, solo el tiempo disponible para reaccionar.
La IA que gestionaría el tráfico de una ciudad entera
El salto siguiente no es un vehículo que conduce solo, sino una inteligencia artificial global que coordine todos los coches a la vez: posición, velocidad y trayectoria en tiempo real, rutas recalculadas al segundo. Sobre el papel, menos atascos y menos siniestros en calles donde el límite genérico es de 30 km/h y baja a 20 cuando acera y calzada comparten nivel. En la práctica, un único punto de fallo para todo el sistema.
Con estos mimbres, lo razonable es esperar varios años de convivencia entre coches con conductor y coches sin él: los primeros como objeto de ocio, los segundos como herramienta de uso diario. Lo razonable no siempre acierta. Conviene revisar estas previsiones dentro de dos años.