La IA ya rueda cine y pone en riesgo cientos de empleos de un rodaje
El 30 de octubre está previsto el estreno en algunos cines de una película completa hecha con inteligencia artificial, obra del creador conocido como Gossip Goblin, que ya publica vídeos de ciencia ficción hechos con IA. El dato, recogido por
IndieWire, es la punta del iceberg de una discusión que recorre medio internet: si un autor con un ordenador puede fabricar una superproducción, ¿qué pasa con las decenas o cientos de personas que hacen posible un rodaje convencional?
La pregunta no es ociosa. Solo en producción intervienen productor ejecutivo, productor, coproductor, director de producción, jefes y ayudantes, coordinador, secretaría, contable y auxiliares. Después llegan dirección, guion, reparto, casting, fotografía, eléctricos, maquinistas, sonido, dirección artística, vestuario, maquillaje y peluquería. El organigrama supera los
cincuenta oficios. La IA no promete fulminarlos todos de golpe. Promete, eso sí, hacer innecesarios a muchos.
Cuánta gente trabaja en un rodaje profesional
La estructura de un rodaje no es capricho: cada puesto existe porque hay una tarea que no se resuelve con una cámara y buena voluntad. Hay quien recuerda haberse sorprendido al ver grabar una película en su pueblo, con un despliegue que describen como un ejército entero movilizado para filmar una escena de varios segundos. Ese ejército es, exactamente, lo que la IA pone en el punto de mira.
El sector no niega el avance, pero discute su alcance. Hay quien sostiene que la IA no se llevará por delante las artes y que el cine de calidad seguirá existiendo, aunque con presupuestos mucho menores. Otros replican que el rodaje clásico depende de presupuestos multimillonarios que la IA vuelve innecesarios, y que ahí está el verdadero terremoto: no en reemplazar al director, sino en eliminar la barrera de entrada.
De una película de 1968 al vídeo de Will Smith comiendo espaguetis
Conviene mirar atrás para medir el salto. Aquella película de 1968 costó
12 millones de dólares y más de la mitad se fue en efectos especiales. Se cuenta que las técnicas para lograr según qué verosimilitud eran tan artesanales que hoy provocarían incredulidad. Aquel cine exigía equipos enormes para un solo plano. El vídeo viral del Will Smith deforme comiendo espaguetis parecía una broma. Hoy los modelos generan escenas de acción que, para algunos participantes, no se diferencian gran cosa de buena parte del cine de superhéroes actual.
La comparación no es gratuita. Los defensores del cine tradicional dicen que sigue habiendo diferencia, y que ver una película entera hecha con IA produce dolor de cabeza. Los entusiastas responden que eso es cuestión de tiempo.
Por qué la detección del contenido IA no basta
El ojo humano mejora, pero no al ritmo de la máquina. La precisión media para detectar contenido generado por IA ronda el
50 y el 60%, lo que equivale a lanzar una moneda al aire. Y eso, cuando el modelo todavía mantiene fallos de coherencia. La consecuencia práctica es incómoda: como resume un participante, si no puedes distinguir, tampoco puedes elegir.
Hay quien señala un caso concreto: dando la vuelta a la pantalla del móvil mientras veía una serie, descubrió que varios secundarios se movían de forma extraña al andar, salvo el protagonista y uno o dos más. La sospecha quedó ahí, sin probar. Pero es, justamente, el tipo de detalle que la industria tendrá que gestionar.
El modelo que se entrena con lo que ha hecho él mismo
Aquí asoma el problema técnico que casi nadie discute en voz alta. Los modelos se entrenaron con material hecho por humanos. Ahora, según un participante, buena parte del material nuevo que circula también lo genera la IA. Quien le da vídeos nuevos al sistema se encuentra con que una fracción creciente no salió de una cámara. Cada vez habría más contenido generado y menos filmado. Qué ocurre cuando el modelo se alimenta de su propia cosecha es la pregunta que nadie responde todavía del todo.
Habrá actores, pero escaneados para siempre
La lista de oficios no desaparece entera, sostienen algunos. Un ojeador encontrará una cara bonita y, en vez de montar un curso de interpretación, le ofrecerá un millón por su imagen para toda la eternidad: escáner 3D y a rodar con su cara hasta el fin de los tiempos. Se acabó cambiar de actor porque ya no parece adolescente. Se podrán hacer mil películas con la misma princesa aunque se tarden diez años en sacar cada una.
Un ajuste de cuentas con la industria
Parte del entusiasmo no es tecnológico, es ajuste de cuentas. Una corriente sostiene que el sector audiovisual concentra un perfil ideológico muy concreto y que la IA le va a pasar por encima. Otra celebra que se acaben los
personajes del mundo de la cultura que, a su juicio, nunca tuvieron que estudiar. Son opiniones, no datos, y conviene tomarlas como lo que son.
Lo que sí es real es el deseo de llevar a la pantalla historias que Hollywood nunca produciría. Se habla de Tartessos, Numancia, Covadonga, la época romana, Lepanto, las Navas de Tolosa, los tercios o el asedio de Malta. Si la barrera de entrada cae, dicen, cualquier buena historia podrá rodarse.
El problema, admiten los más lúcidos, ya no será producir. Será separar el grano de la paja. Y ahí, si algo es fácil de hacer, pierde valor. La discusión se atasca exactamente en ese punto.