La nueva película de Vengadores y su CGI de after effects de 2006
La nueva entrega de los Vengadores ha conseguido unir a todos los espectadores en un mismo veredicto: sus efectos visuales son, cuando menos, vergonzosos. El tráiler se parece a un videojuego de hace 20 años, con planos planos, iluminación mate y ninguna partícula moviéndose por su cuenta. No es casualidad: detrás de ese desastre hay una ecuación económica que los estudios han apretado hasta el absurdo.
El negocio de la bruma digital
La solución favorita de la producción para abaratar costes es el humo: niebla, oscuridad y filtros mates que disimulen la falta de detalle. Así se evitan simulaciones complejas de pelo, partículas o iluminación real. El resultado es esa textura de plastilina que evoca al After Effects de 2006. Los presupuestos de posproducción se han recortado mientras los plazos se comprimen, y las grandes franquicias pagan la factura en pantalla.
El pasado que humilla al presente
La comparación con producciones de hace más de 25 años es demoledora. «Jurassic Park» o «Independence Day» siguen sosteniéndose, y un clip de animación de 1988 que circula entre los espectadores demuestra que la industria ha ido hacia atrás. Parte de la explicación es la teoría del uncanny valley: cuando el fotorrealismo falla, el cerebro rechaza la imagen y la intensidad del rechazo es proporcional al dinero gastado. A eso se añade el factor Jonathan Majors: los problemas legales del actor habrían obligado a rehacer parte del metraje con prisas.
Mientras las taquillas sigan llenándose, nadie en Hollywood tocará el modelo. La próxima gran producción con CGI catastrófico ya está en desarrollo.