Robert Smith, 67 años: cuando el disfraz del genio caduca
¿Se puede seguir subiendo a un escenario a los 67 años con la misma pinta de 1982? El cantante de The Cure acaba de demostrar que la pregunta ya no tiene gracia. Un vídeo de concierto —aderezado con el chiste de un asistente sobre una tía que se le cuela en el escenario— ha vuelto a poner en circulación la misma estampa: la coleta cardada, el maquillaje corrido, la camiseta holgada. Nada nuevo. Y ahí está justo el problema.
Robert Smith tiene 67 años. The Cure cumplirá 50 años de carrera en 2029 y sigue llenando recintos. Esos son los datos. Todo lo demás, en el rock, siempre fue estética disfrazada de otra cosa.
El personaje que se comió al músico
La crítica que más circula no va contra la música, sino contra la gestión del personaje. Se argumenta que el look aguantaba a los 30 y a los 40, cuando era transgresor de verdad; pasada cierta edad, el mismo atrezzo deja de ser provocación y pasa a ser caricatura. En contra pesa un argumento igual de sólido: el tipo se peina así desde antes de que muchos de sus críticos hubieran nacido y, simplemente, no ha querido disfrazarse de adulto.
La etiqueta que más ha prendido es la de «Charo». Y de ahí el juego fácil: charoboy, The Charo, la tía Paqui de Pedroñeras. El chiste es barato, pero apunta a algo real: la distancia entre el material sensible y la carcasa que lo envuelve.
Bowie se reinventó seis veces; Smith, ninguna
El ejemplo que se repite es David Bowie. Ziggy Stardust fue un personaje entre muchos, y Bowie lo mató cuando tocaba; su último disco lo mostró elegante, sobrio, mayor. La conclusión que se extrae: hay una edad para cada apariencia y los genios saben evolucionar. El contraargumento tiene miga: Bowie creaba personajes y Smith no. Smith siempre ha ido así, también cuando baja a por el pan. No hay máscara que matar porque nunca hubo máscara; hay una cara y han pasado 45 años por encima.
El botox del bajista y la canción renombrada
Un detalle zanja parte del asunto. Simon Gallup, bajista histórico, sí ha pasado por el quirófano: la cara se le nota, y a nadie le ha parecido mejor por eso. En el otro extremo está la intrahistoria de «Killing an Arab», la canción inspirada en «El extranjero» de Camus que el grupo dejó de anunciar con su título original para esquivar la lectura islamófoba. Dos maneras opuestas de gestionar el paso del tiempo: la que retoca y la que aguanta. El botox no salva a nadie; el desaliño tampoco, pero al menos no miente.
Lo que el oído perdona cuando la vista no perdona
Y luego está lo evidente, que casi nadie discute: la voz sigue siendo la de un tipo de veinte años. Cincuenta años de historia, un puñado de canciones que han emocionado a millones de personas y una legión de fans jóvenes que no son boomers nostálgicos. El mismo público que se ríe del maquillaje se pelea por las entradas del Primavera Sound de Barcelona.
Al final, la discusión nunca ha ido de Robert Smith. Va de que todos vamos a envejecer y casi ninguno tendremos una banda de fondo que disimule el estropicio.