El presidente que llamó «memos» a los jóvenes por las bajas: el dato que lo explica todo
Ángel Nicolás, presidente de la Confederación de Empresarios de Castilla-La Mancha (CECAM) desde 2009 y reelegido en mayo de 2025 para un quinto mandato, calificó a los jóvenes de «memos» por cogerse bajas laborales por asuntos que consideró superficiales. Se disculpó después, pero el dato que desencadenó el comentario merece atención: las bajas laborales entre menores de 30 años se han multiplicado por cuatro en los últimos siete años.
¿Aumento real de la enfermedad o síntoma de un cambio cultural? El debate va mucho más allá de los improperios de un empresario manchego.
Un crecimiento que invita a la sospecha
La cifra es llamativa, pero pocos se detienen a analizar el contexto. Mientras el presidente de la patronal apuntaba a una presunta falta de compromiso, otros sectores señalan que las condiciones laborales han empeorado hasta el punto de que la baja laboral se ha convertido en la única válvula de escape para una generación que no ve recompensa al esfuerzo.
«Sin zanahoria, el burro no anda» es el resumen que circula en los análisis económicos más lúcidos. Durante décadas, el contrato social prometía que si trabajabas duro, tendrías casa, coche y vacaciones. Esa promesa se ha roto. Ahora, un joven que cobra el salario mínimo apenas puede costear una habitación. ¿Para qué deslomarse?
Incentivos: la clave que nadie quiere ver
La evidencia de la psicología económica es clara: la gente se esfuerza si hay recompensa. Cuando el marginal del trabajo extra se come vía IRPF, cuando comprar una vivienda es una utopía y cuando los contratos son temporales y mal pagados, la motivación se desploma.
En el otro lado, hay quien sostiene que la culpa es del sistema educativo, que ha criado a jóvenes sin cultura del esfuerzo, y de una inmi gración masiva que abarata los salarios y hace que muchos empleos físicos sean realizados por recién llegados, mientras los nativos los rechazan.
El elefante en la habitación: la inmi gración
Una corriente de análisis apunta que la patronal, al quejarse de las bajas juveniles, en realidad lamenta no tener suficientes trabajadores forasteros dispuestos a aceptar peores condiciones. De hecho, se argumenta que la política migratoria ha servido para mantener bajos los salarios en sectores como la hostelería, la agricultura y la construcción. Pero incluso entre la población forastero, algunos señalan, la disposición a trabajar en condiciones precarias está disminuyendo.
«Si pagas cacahuetes, contratarás monos» reza una vieja máxima empresarial que nunca pierde vigencia.
El pasado como espejo: ¿todo tiempo pasado fue mejor?
En la discusión resurge la comparación con la época de Franco, cuando no existía el IRPF y un sueldo permitía comprar una vivienda. Más allá de la idealización, el dato fiscal es real: el IRPF moderno se aprobó en 1978. Hoy, el trabajador soporta una carga fiscal que, sumando cotizaciones, supera el 50% de su salario bruto. La pregunta que subyace es si el sistema ha llegado a un punto de rendimientos decrecientes en el que trabajar más ya no compensa.
El presidente de CECAM ha abierto una caja de Pandora. El aumento de las bajas no es un simple problema de vagancia, sino el síntoma de un modelo laboral que ha perdido su capacidad de motivar. Hasta que no se restablezca un vínculo creíble entre esfuerzo y recompensa, el burro seguirá plantado.