La inteligencia artificial maquilla a Marruecos y ningunea a España
¿Por qué un buscador describe Toledo como un simple asentamiento y Marrakech como una ciudad imperial? La respuesta no es un complot, sino el resultado de inversiones muy desiguales en imagen de marca, investigación académica y promoción turística. Marruecos lleva años comprando relato; España, como en otros frentes, llega tarde.
El ejemplo sirve de aperitivo para una polémica mayor: el de las respuestas automáticas sobre soberanía. Si se pregunta por Ceuta, la máquina responde con el comodín de «territorio en disputa». Ninguna de las dos lecturas que circulan es complaciente: o hay un sesgo deliberado contra España, o la neutralidad algorítmica es un cuento que solo se cree quien no ha visto los presupuestos de marketing de los países. Marruecos invierte en vallas y en gaseosas, pero también en su propia leyenda. España, en cambio, obtiene una descripción pobre y sin épica.
La pregunta incómoda no es si la IA es racista o «antiblanca», sino quién alimenta sus respuestas y con qué dinero. Mientras un país vende Marrakech como joya y el otro ni siquiera sabe vender Toledo, el algoritmo solo reproduce la correlación de fuerzas. Quizá el verdadero «asentamiento» no sea una ciudad, sino el lugar que España ocupa en el relato digital global. El caso Toledo-Marrakech es solo la punta del iceberg; hay una colección de comparaciones que desmontan el mito de la neutralidad.