El Gobierno borra los números romanos y la regla de tres de Primaria
MMXXII. Esa es la fecha, escrita en unas cifras que ya no se enseñan en la escuela, en la que los números romanos desaparecieron del temario de Primaria en España. La escena que lo resume no ocurre en un aula: dos abogados, tres socios con el
49% de una sociedad frente a un cuarto que controla el 51%, una factura de 10.000 y pico euros y ningún atajo mecánico para repartirla. El Gobierno de Sánchez retiró del contenido de Matemáticas el sistema romano de numeración y también la regla de tres.
¿Por qué el Gobierno elimina los números romanos del temario?
Porque, según su respuesta por escrito al Congreso, presentan «serias dudas en cuanto a su contribución al sentido matemático». El argumento oficial encadena motivos: no sirven para estimar y aproximar, componer y descomponer números, buscar relaciones y patrones en los números ni para manejar distintos niveles de precisión. Y remata con una enumeración que se corta sola, con un «además de no incluir (sic)» que termina ahí, sin más.
La justificación no ha sentado bien a la oposición, que registró la pregunta parlamentaria que obligó a Moncloa a documentar la decisión por escrito. Donde sí caben, matiza el Ejecutivo, es en otras áreas: el conocimiento del legado cultural del Imperio Romano puede tratarse
como elemento cultural en otras materias de Primaria. Traducido: los números romanos sobreviven como adorno histórico, no como herramienta matemática.
La regla de tres, de salvavidas cotidiano a «algoritmo rutinario»
Con la regla de tres la excusa cambia. «La regla de tres, como indica su nombre, es un algoritmo rutinario, que no implica ningún tipo de razonamiento», sostiene el Gobierno. Desde la didáctica de las Matemáticas, añade, fuera de contexto genera dificultades para enseñar el razonamiento proporcional, y el nuevo currículo ha evitado reglas, trucos o pautas algorítmicas no razonadas.
La defensa del atajo aparece en cuanto se rasca un poco. El argumento que más se escucha es que plantearla ya exige razonar: si mil ladrillos levantan tres edificios, para trece edificios basta multiplicar por
13/3, sin recitar ningún mecanismo de memoria. Otros recuerdan su límite: solo funciona con relaciones lineales, y en geometría, por ejemplo, dos figuras semejantes no comparten el área aunque compartan proporciones.
Matemáticas con perspectiva de género: Lovelace junto a Pitágoras
El mismo Ejecutivo detalla, en otra respuesta parlamentaria, que el objetivo de la asignatura es desarrollar «el máximo de las potencialidades en todo el alumnado desde una perspectiva inclusiva». Los saberes se reparten en tres ciclos que repiten la misma coletilla: la contribución de las Matemáticas a los distintos ámbitos del conocimiento humano,
desde una perspectiva de género.
El texto pone nombre a esas aportaciones. Ada Lovelace, pionera de la informática; Sophie Germain, con grandes contribuciones a la teoría de los números, y Florence Nightingale, cuya estadística ayudó a construir la enfermería moderna, deben ser estudiadas, dice,
al igual que Pitágoras, Laplace o Newton.
El informe que Moncloa invoca no cita los números romanos
Para reforzar el argumento, el Gobierno asegura que la supresión de ambos contenidos está en consonancia con el documento Bases para la elaboración de un currículo de Matemáticas en Educación no Universitaria, del Comité Español de Matemáticas. Al consultar el texto, la referencia a los números romanos es sencillamente inexistente: no hay mención explícita alguna.
Con la regla de tres ocurre algo parecido, aunque menos rotundo. La recomendación del comité es prestarle menos atención, no borrarla del temario. Entre lo que dice el informe y lo que el informe respalda hay una distancia que nadie en el Ministerio ha explicado.
Notación, cultura y memoria: lo que se va con los números
Fuera del aula, la discusión deriva hacia lo cultural. Un estudiante de bachillerato con matrícula de honor recorrió un cementerio gallego y preguntó por qué todas las tumbas estaban rotuladas en inglés: había leído RIP sin reconocer el
rest in peace. La escena, medio broma medio diagnóstico, la cuentan quienes sostienen que la notación también es un idioma.
Hay incluso quien ha hecho del formato de fecha un pequeño manifiesto: todo en ISO 8601, años-mes-día, porque cualquier otra forma de escribir una fecha molesta. Puede sonar a
boutade, pero mide lo mismo que la polémica del currículo: cuánto del conocimiento cotidiano depende de convenciones que dejan de transmitirse.
El dato incómodo no es que se quiten contenidos, sino con qué se justifican. El informe que el Gobierno invoca para enterrar los números romanos no los menciona ni una sola vez, y sobre la regla de tres pedía menos peso, no desaparición.