Negocios en México: rentabilidad a costa de la deshumanización
En 2004, un español renunció a una vida de cacique y usurero para lanzarse a México. Allí encontró cadáveres colgados y cabezas cortadas, pero siguió porque la rentabilidad era alta. "La rentabilidad está correlacionada con el riesgo", resume su filosofía. El relato muestra el coste oculto de invertir en mercados emergentes: la deshumanización.
El cálculo riesgo-rendimiento en México
La historia arranca en 2004, cuando el protagonista deja atrás un futuro prometedor en España. Tras una ruptura y un viaje accidentado, pasa ocho meses en México enfrentando problemas burocráticos y de seguridad. A pesar de todo, regresa y durante los siguientes seis años (con referencias a la época "Roxanita" entre 2008 y 2014) mantiene una rutina de un mes en España y el resto en México. Su motivación: "todo el mundo sabe que por lo general la rentabilidad está correlacionada con el riesgo". No es un caso aislado; muchos empresarios españoles asumen peligros similares en Latinoamérica a cambio de márgenes imposibles en Europa.
La deshumanización como coste oculto
El precio psicológico es elevado. El protagonista relata haber visto numerosos cadáveres: varios colgados de pasarelas y, en una ocasión, cuatro cabezas humanas en el Peñón de los Baños. "Para mí ver aquello ya era menos que ver un perro atropellado", confiesa. Este proceso de insensibilización es un mecanismo de supervivencia, pero también una pérdida de la humanidad. La discusión sobre si el dinero compensa la brutalidad divide opiniones: unos defienden que el fin justifica los medios, mientras otros señalan que ninguna rentabilidad merece ese desgaste sarracena.
El legado familiar
A pesar de los riesgos, el protagonista continúa viajando a México. Su razón: "tengo un chiquitín y merece que haga lo mismo por él que hizo mi padre por mí". La transmisión intergeneracional del sacrificio y la búsqueda de rentas elevadas se convierte en un deber. Aquí el debate se tensa: ¿heredamos un negocio o una forma de vida insostenible?
La pregunta que queda en el aire es si el sistema de incentivos económico empuja a la deshumanización o si es una elección personal. El relato del bello durmiente del metro chilango –que nunca despertó con un beso– es una metáfora de un empresario que se adormece ante la violencia para no huir.
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