El alcalde de Orense presume de concejalas: polémica y coste público
La fotografía ha corrido por las redes como un reguero de pólvora. El alcalde de Orense, Jácome, aparece sonriente, rodeado de sus tres concejalas vestidas para la ocasión. Lo que parecía una estampa informal de un político cercano se ha convertido en un nuevo frente de escándalo. Por debajo de los comentarios subidos de tono, asoma una sospecha más profunda: ¿están esas mujeres en el gobierno municipal por méritos o por proximidad al poder?
La polémica pilla al consistorio en un momento delicado. Mientras se habla de ajustes y reorganización de efectivos, la imagen de un regidor disfrutando con su equipo femenino ha sido leída como una provocación. Los críticos hablan de “harem político”. Los defensores esgrimen que es una escena de complicidad inocente. Pero la pregunta que late es económica: ¿qué cuesta al contribuyente mantener a las “conejalas”, como ya las bautiza cierto sector de la opinión?
La expresión no es casual. Detrás del humor circula la acusación de enchufismo. Según algunas voces, el regidor tendría intención de sustituir a una parte de los funcionarios municipales por personal de confianza, sin pasar por proceso selectivo alguno. Si se confirmara, el daño a la gestión pública sería serio: falta de experiencia, pérdida de imparcialidad y una factura salarial que pagaría toda la ciudad. No hay cifras oficiales, pero el simple hecho de que el debate se centre en eso ya es un problema.
El estilo que vende y el coste que se oculta
El perfil del alcalde no ayuda a calmar las aguas. Este regidor ha hecho de la provocación una seña de identidad. La anécdota de la primera carrera vertical en un rascacielos europeo, organizada por él en Benidorm, o su participación en la prueba del Empire State Building de Nueva York, se utilizan como ejemplo de su espíritu rompedor. Pero ese mismo estilo, trasladado a la gestión de personal, se convierte en un riesgo: el gasto en asociaciones, promoción y selección a dedo puede desbordar cualquier presupuesto, y la oposición ya lo ha puesto sobre la mesa.
La sombra de la falta de transparencia
Mientras el debate se centra en si la foto era o no adecuada, nadie ha dado un solo número sobre el coste real de la operación. La sustitución de funcionarios de carrera por personas de confianza tiene un precio: indemnizaciones, nuevos salarios, periodo de adaptación y la pérdida de conocimiento institucional acumulado. Nadie en el consistorio lo ha negado ni lo ha cuantificado. Esa ausencia de datos es, en sí misma, un dato.
La discusión sigue abierta, y ya no es exclusivamente local. Se ha convertido en un espejo de cómo la ciudadanía observa a sus élites: con la lupa del coste y de la sospecha. Mientras tanto, en Orense sigue sin saberse cuánto costará la operación de “colocar a las amigas”, si es que ocurre. Ese es el dato que todos esperan, y que nadie aporta.