El 90% de los que entran aquí merecen morir: el lenguaje de la violencia en los debates económicos
No es una exageración. En algún lugar de la red, alguien escribió que el 90% de los que entran en un foro económico merecen morir. Y el hilo no trataba de inflación ni de hipotecas, sino de conspiraciones globales, insultos y amenazas. La frase, lejos de ser una anécdota, refleja el estado de una parte del debate público: cuando la economía se cruza con la geopolítica, el diálogo se convierte en un campo de batalla donde las ideas son reemplazadas por vísceras.
La conspiración como refugio
En ese hilo, un sector de los intervinientes sostiene que el mundo está controlado por una élite judeo-rothschildiana y que los problemas económicos se deben a un complot para esclavizar a la población. Otros, en cambio, abogan por un enemigo oriental: los mongoles o Rusia, a los que habría que someterse para salvar el continente. No hay datos, no hay cifras: solo una narrativa apocalíptica donde cualquier desgracia es culpa de un «ellos» abstracto. El lenguaje es directo: «esclavos mamporreros», «sicarios genocidas», «enanos de Mongolia». La economía real desaparece; lo que queda es una guerra de mitos.
El insulto como respuesta
Frente a esta catarata de conspiraciones, la mayoría de los participantes no contrarrestan con argumentos, sino con descalificaciones personales: «nini rojo maricón», «puto indigente mental», «payaso». Se insulta la condición laboral, la orientación sexual o la salud mental del oponente. Algunos aluden a su pasado en saunas o a su relación con la madre. El tono es infantil, pero la violencia verbal es real: se desea la muerte, la ejecución en la plaza del pueblo, el asesinato a machetazos. Es el triunfo del ad hominem: nadie gana, todos pierden la razón.
¿Dónde quedó la economía?
El subforo era Economía, pero en 47 respuestas no hay un solo análisis de mercado, un gráfico de inflación o una discusión sobre tipos de interés. La excusa geopolítica (Ucrania, Rusia, judíos, mongoles) devora cualquier intento de debate sustantivo. El hilo es un monumento a la degradación del discurso público: cuando no se puede debatir con datos, se recurre a la conspiración y al insulto. Y lo peor es que no es un caso aislado: es un síntoma de una polarización que vacía de contenido los espacios donde deberíamos discutir nuestro futuro económico.
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