¿Cómo es posible que en plena ola de calor se prohíba instalar aire acondicionado mientras los políticos lo tienen en sus despachos?
La respuesta, para muchos, es una mezcla de ideología y doble rasero. En Nîmes (Francia), un alcalde autodenominado comunista ha prohibido a los padres llevar aparatos portátiles de aire acondicionado a un colegio, alegando que en otros barrios hay familias que no pueden comprarlos. El argumento: si no todos pueden tenerlo, que no lo tenga nadie. Una lógica que, llevada al extremo, prohibiría las casas porque hay sintecho.
La hipocresía francesa: el DPE castiga al que se refresca
En Francia, la administración ha ido un paso más allá. En pleno 2026, con termómetros rozando los 40°C, instalar un aire acondicionado empeora la nota del Diagnóstico de Prestación Energética (DPE). Es decir: sobre el papel, tu casa se convierte en un colador energético por poner un aparato para no morirte de calor. Mientras, la ministra de Medio Ambiente, Monique Barbut, aire acondicionado tiene en su oficina. El debate es surrealista, pero real.
Reino Unido: retirar el AC por decreto
Al otro lado del Canal, la situación no es mejor. Las regulaciones de cero emisiones netas del Gobierno británico obligan a los ciudadanos a retirar equipos de aire acondicionado de sus casas, incluso durante olas de calor de hasta 40°C. La norma establece que el AC solo debe usarse como "último recurso". La paradoja: mientras los humanos se asan, los terneros en Alemania tienen derecho legal a no pasar de 25°C gracias a la ley de protección animal. Hospitales sin aire acondicionado; establos con él.
El ejemplo alemán: terneros con AC, humanos al sol
Alemania tiene un reglamento de alojamiento animal que exige aire acondicionado en los establos de terneros, limitando la temperatura a 25°C. Pero en los hospitales, el aire acondicionado brilla por su ausencia. "Viven peor que perros", resume un comentario. El contraste es tan brutal que parece una broma: en Hamburgo, para instalar un AC en casa se necesita un informe de un asesor energético (pagando) y demostrar que no hay alternativas. Mientras, en China climatizan hasta las granjas.
La pregunta que flota en el aire es: ¿qué sentido tiene todo esto? Si la lucha contra el cambio climático se convierte en una carrera por ver quién sufre más, el único ganador será la hipocresía. Mientras los políticos legislan desde sus despachos refrigerados, los ciudadanos se achicharran. Al final, lo más ecológico será mudarse a China, donde los animales de granja tienen mejor clima que los europeos.