EEUU presionó para ceder el Peñón de Vélez, no La Gomera
Una revelación explosiva atribuida al exministro de Defensa Federico Trillo sostiene que, durante la crisis del islote Perejil, Washington presionó a España para entregar a
Marruecos no solo Perejil, sino también las Chafarinas y el Peñón de Vélez de la Gomera. La respuesta que se le atribuye al exministro es un rechazo sin matices. El episodio, que se remonta a la ocupación marroquí del islote, vuelve a la actualidad por la vía de una afirmación que no ha sido desclasificada ni confirmada documentalmente.
Conviene precisar de entrada un error que contamina buena parte de la discusión:
el Peñón de Vélez de la Gomera no es la isla canaria de La Gomera. Se trata de un peñón y antiguo asentamiento militar español en la costa norte de Marruecos, con guarnición y cementerio de caídos, sin relación geográfica alguna con el archipiélago. La confusión entre ambos topónimos ha sido el eje involuntario de buena parte del intercambio.
¿Qué es el Peñón de Vélez de la Gomera y por qué se confunde con Canarias?
El Peñón de Vélez de la Gomera es una de las plazas de soberanía españolas en la costa marroquí, junto a Ceuta, Melilla, las Chafarinas y Alhucemas. Su nombre arrastra el apellido de una localidad marroquí cercana, no el de la isla canaria. La distancia entre ambos puntos supera los mil kilómetros.
La confusión tiene consecuencias prácticas. Si el objeto de la cesión fuera una isla del archipiélago canario, el asunto tendría una dimensión estratégica y económica completamente distinta. Al tratarse de un peñón deshabitado salvo por presencia militar, el debate se desplaza al terreno de la soberanía simbólica y de la posición negociadora de España frente a sus socios.
Hay quien sostiene que el error de lectura desactiva la gravedad del asunto. Otros argumentan lo contrario: que se empieza cediendo un peñón y se acaba discutiendo Gibraltar. La discusión, en cualquier caso, se libra sobre un malentendido geográfico que conviene despejar antes de entrar al fondo.
La crisis de Perejil y el papel de Estados Unidos
El islote Perejil, deshabitado y sin valor económico relevante, fue ocupado por Marruecos y recuperado por España mediante una operación militar. En ese contexto se sitúa la supuesta presión estadounidense para que España cediera posiciones.
La versión que circula atribuye a Trillo una respuesta despectiva y un rechazo frontal a cualquier entrega. No hay documentos desclasificados que respalden la conversación ni la lista de cesiones que se habría puesto sobre la mesa. La afirmación procede de una fuente que no ha sido verificada por vía oficial.
La discusión derivó pronto hacia una pregunta más amplia: qué valor tiene la palabra de los aliados cuando los intereses cambian. El episodio se lee como un precedente de lo ocurrido después con el Sáhara Occidental, donde España sostuvo posiciones distintas a lo largo del tiempo.
El Sáhara, Trump y la desconfianza hacia los aliados
La comparación con el Sáhara Occidental aparece repetidamente. Se argumenta que el giro español sobre el territorio, reconocido años después de que lo hiciera Estados Unidos, ilustra la subordinación de la política exterior a los intereses de Washington.
Una corriente del análisis sostiene que Marruecos ha ido ganando peso como socio preferente de Estados Unidos en la región, en parte por su posición respecto a Israel, mientras España queda en un segundo plano. Otra corriente replica que la dependencia no es ideológica sino estructural: España compra armamento estadounidense cuya utilización requiere autorización, lo que limita su margen en un conflicto con un socio de Washington.
El recuerdo de Annual, del Barranco del Lobo y de la guerra de Melilla aparece en la conversación como contrapunto histórico. Se subraya que España ganó todas las guerras contra Marruecos, con ratios de bajas muy favorables, y que el desastre de Annual se explica por la corrupción y la venta de armas a la guerrilla. La conclusión que se extrae es que el equilibrio militar no es el problema, sino el político.
La OTAN como paraguas y como excusa
La pertenencia a la OTAN y a la Unión Europea se presenta como garantía de seguridad. Una parte del análisis la considera precisamente el problema: la subcontratación de la defensa convierte al país en dependiente y reduce su capacidad de decisión.
El argumento se apoya en la experiencia de Ucrania y en la falta de credibilidad de las garantías verbales. La conclusión que se repite es que en geopolítica no hay aliados ni enemigos, solo intereses, y que España ha tendido a mirar antes por los intereses ajenos que por los propios.
El episodio de Perejil se recuerda, paradójicamente, como un momento de firmeza: la decisión de enviar al ejército y no negociar la retirada. La pregunta que queda abierta es si esa firmeza fue un caso aislado o una excepción.
Con estos mimbres, la predicción más razonable es que la presión sobre las plazas de soberanía no desaparecerá, aunque tampoco hay indicios de que se vaya a materializar una cesión. La palabra del exministro no basta como prueba y los documentos siguen bajo llave. Si algo enseña el episodio es que el aliado que presiona no siempre es el que dispara.