La marca Los Iberos y el abogado que se autoproclama fundador
¿Qué ocurre cuando alguien usa una marca musical histórica para proyectar una imagen que no le corresponde? El caso de Marcos García Montes, abogado y miembro de Los Iberos desde finales de 2016, ha acabado en la Oficina de Marcas. La reclamación partió de una familiar de un miembro original del grupo, formado en los años 60. Su denuncia era doble: García Montes se presentaba en medios como fundador y pionero del pop, y además utilizaba la marca en notas de prensa sobre asuntos ajenos a la música, como el mediático caso Daniel Sancho.
La respuesta del registro ha dejado un poso de perplejidad. Según la reclamación, la Oficina consideró que nombrar la marca en ese contexto es «publicidad», y que, aunque las declaraciones pueden inducir a error, se presume la buena fe del declarante. La presunción de buena fe, comodín clásico del sistema registral español, se aplicó aquí al avispado, no al perjudicado.
El conflicto de interés que nadie quiere ver
El asunto no es solo patrimonial. También se ha planteado que García Montes se persone como abogado del titular de la marca en un conflicto que él mismo habría generado. Un presunto conflicto de interés que, según se argumenta, el colegio profesional miraría hacia otro lado. La marca, registrada también por otros miembros, quedaba así supeditada a la estrategia personal de un letrado que entró en el grupo hace menos de una década y se atribuye medio siglo de historia.
Un epílogo cifrado en visitas
La reclamante cuantifica el impacto del mencionado caso en 500.000 visitas: el ruido mediático convierte la marca en complemento de estrategias de comunicación que nada tienen que ver con la música. Como ironía final, el sistema que existe para proteger la propiedad industrial ha terminado dando cobertura a quien más rédito publicitario obtiene. El autobombo, al parecer, también puede acogerse a la buena fe.