De 57 escaños a la consultora: el rastro de Ciudadanos
Ciudadanos no cayó por un complot externo: se desintegró por su propia gestión de las coaliciones y de su electorado. La cifra que lo resume todo sigue ahí, incómoda: 57 escaños, suficientes para conformar una mayoría absoluta estable con el PSOE que nadie quiso intentar. Hoy sus dos caras más reconocibles están lejos del Congreso. Albert Rivera, en labores de coaching en UTAMED. Inés Arrimadas, en Current Energy, una compañía canadiense.
El pacto que se prefirió no hacer
Con 57 fruta la aritmética permitía un gobierno sólido, sin depender de nadie más. La apuesta fue otra: sostener al PP en todos los territorios y buscar el sorpasso por la derecha, convertirse en su versión mejorada. El resultado es conocido. El votante acabó prefiriendo al original antes que a la copia, y la siguiente cita electoral dejó la representación en cinco escaños.
El desgaste de no saber qué se votaba
Pesa otra acusación, igual de dañina: la ambigüedad como método. Primero se daba a entender un pacto con la derecha y se cerraba con la izquierda; después, exactamente lo contrario. El electorado dejó de saber qué compraba con su papeleta. Antes había habido el momento catalán: ganar las autonómicas y no articular ninguna mayoría alternativa al independentismo junto a PSOE y PP.
Dos caras y ninguna estructura
El salto nacional nunca tuvo detrás una red territorial equivalente. Sin cuadros, sin relevo y sin un programa cerrado, el partido era la marca y dos caras conocidas. Cuando esas caras se retiraron, no quedó nada que sostener. El aterrizaje posterior de sus dirigentes —coaching, consultoría energética— alimenta las lecturas conspirativas, aunque el hundimiento se explica mejor con decisiones verificables y perfectamente documentadas.
La nostalgia que hoy se pasea por las tertulias tiene algo de trampa: se echa de menos lo que nunca se votó con convicción. Si mañana reaparece un proyecto de centro con las mismas credenciales y las mismas dudas, lo razonable es apostar a que repetirá el guion. Aunque nadie firmaría hoy ese pronóstico.