Ultras Sur contra tres jugadores del Real Madrid por Ceuta
Los Ultras Sur vuelven a estar en el centro del tablero. El grupo ultra más veterano del madridismo ha difundido un comunicado en el que carga contra tres futbolistas de la primera plantilla por lo que considera un desplante hacia los ciudadanos españoles afectados por la presión migratoria en Ceuta. La paradoja incomoda: la grada a la que el club lleva años intentando arrinconar marca ahora la línea que no está dispuesta a cruzar.
El texto, sin matices, sostiene que quienes visten el escudo y cobran del dinero de los socios no pueden permitirse el lujo de faltar al respeto a esos ciudadanos. Y remata: cualquier madridista debería avergonzarse de la imagen dada por «estos tres individuos».
Qué se reprocha a los jugadores en el comunicado
El detonante habría sido un gesto en torno a una camiseta vinculada a Ceuta repartida en el túnel de vestuarios. Según las publicaciones que circularon después, uno de los futbolistas habría intentado apartar al utillero que repartía esas prendas, mientras otros se la habrían puesto a medias. Ni el club ni los señalados han confirmado los hechos.
La discusión derivó enseguida hacia el reproche de fondo: jugadores multimillonarios, protegidos en sus mansiones, que se permiten opinar sobre un territorio que no es el suyo. Es el marco que vertebra todo el malestar, muy por encima del resultado deportivo.
Del escudo a los contratos: el club como multinacional
El dinero aparece pronto. El fondo del enfado conecta el episodio con la creciente sensación de que el Real Madrid funciona como una empresa global y ya solo mira el resultado. Se recuerda la etapa en que se planteó retirar la cruz del escudo para no molestar en el mercado árabe —gestión saldada sin explicaciones— y se apunta al poder creciente de figuras de la parcela institucional, como Anas Laghrari, nacido en Marruecos en 1984 y criado en Casablanca, señalado por algunos como posible sucesor de Florentino Pérez.
Sobre la mesa, también el negocio. Hay quien vincula la postura del club con los intereses de ACS en Marruecos, y quien lanza —sin respaldo alguno— la cifra de 175 millones por una hipotética venta de Vinícius al Arsenal.
Solo los ultras, o algo más
Aquí se abre la grieta real. Una parte sostiene que el comunicado representa únicamente a un grupo marginal y que el enfado es minoritario. Otra responde que lo triste es precisamente eso: que solo los ultras lo pidan. Y una tercera, la más incómoda para el relato oficial, agrupa a quienes directamente se dan de baja: «yo era del Real Madrid y veía fútbol. ERA».
Los mismos que aplauden el texto piden pitadas en todos los estadios y exigen la venta inmediata de los señalados. No hay reacción pública del club.
La pregunta que queda abierta
Con el escudo cotizando más como marca global que como seña de identidad, el asunto no es si los ultras tienen razón. Es cuántos de los socios que llenan el Bernabéu comparten, en silencio, la mitad de ese cabreo —y si alguien dentro del club está dispuesto a preguntarlo en voz alta.