Público o concertado: la factura que nadie pone en la balanza
Un padre de una capital de provincia pequeña, con distrito único y una economía que le permite pagar un colegio concertado sin ahogarse, se sienta a decidir dónde matricula a su hijo. La duda no es el dinero: es qué se encontrará dentro del aula. Lo cuenta después de un vermut con otros progenitores, alguno de los cuales echaba humo con el tema de la
inmigración, y reconoce que desde entonces la idea le ronda. Él estudió en colegio y universidad pública y defiende lo público, pero el temor a que su hijo acabe en una clase de bajo nivel le hace mirar de reojo la concertada. Las respuestas que encuentra son todo menos unánimes.
¿Es gratis un colegio concertado?
Sobre el papel, sí. La concertada recibe financiación pública precisamente para no cobrar a las familias, y hay quien lo recuerda con dureza: cobrar por encima de lo que cobraría un centro público equivale, se argumenta, a pagar dos veces por lo mismo. Las experiencias que se cruzan apuntan a otra cosa. Un caso menciona cuotas que rondan los
80 o 100 euros al mes; otro habla de unos
150 euros mensuales. Un forero cifra en
500 euros al mes el colegio al que lleva a su hijo. Hay quien defiende que ese importe hace las veces de filtro: selecciona a quien puede asumirlo.
Quién da clase: oposición frente a contrato a dedo
Aquí el choque es frontal. En la pública, el profesorado ha superado una oposición; en la concertada, lo contrata la dirección sin examen previo, según relata alguien que enseña en un centro de ese tipo. De ahí arrancan dos relatos incompatibles. Uno defiende que un maestro que ha preparado y aprobado la oposición está, por lo general, mejor formado que quien accede por otras vías. El otro matiza: pasar ese proceso no garantiza ser mejor docente y, añade, todos cargamos con prejuicios sobre el tema. Ni una cifra ni un informe de por medio:
fe contra
fe.
El colegio como filtro social
Es el punto donde el tono se calienta y los argumentos se separan de los datos. Hay quien sostiene que la concentración de alumnado migrante en determinados centros públicos obliga a bajar el ritmo, y quien responde que esa mezcla es la realidad de una sociedad diversa y que aislar a los niños en una burbuja no les hace ningún favor. La cuota de la concertada se defiende como barrera contra la marginalidad y se critica como herramienta de segregación socioeconómica. Lo llamativo es que ninguna de las partes aporta cifras: se habla de una clase con
cuatro alumnos migrantes en la lista de junio y de uno que no llegó a matricularse. Todo avanza a base de impresiones recogidas en jornadas de puertas abiertas y en la puerta del colegio.
La cuenta completa: de infantil a la universidad
Pocas veces una consulta de padres se convierte en una hoja de cálculo, pero aquí aparece. Un cálculo que circula estima el coste total de escolarizar a un hijo desde infantil hasta los 18 años en unos
20 millones de pesetas; si se añade universidad privada y una estancia en el extranjero, la cifra salta a los
30 millones, unos 180.000 euros. Otra familia cuenta que un curso académico en Estados Unidos gestionado por agencia le costó
7.000 euros en 2012, y calcula que hoy andaría por los 8.000. Frente a eso, una propuesta radical: 700 euros al mes para contratar profesorado propio y cuatro alumnos por aula.
Para varios participantes, la decisión se dirime menos entre público y concertado que entre lo que cada familia puede permitirse. El padre que abrió la consulta lo resume sin adornos: debe su sueldo a la enseñanza pública y, aun así, duda. Si el coste de criar y educar a un hijo hasta la universidad ronda, según otra estimación que circula, los 180.000 euros, el filtro que compra tranquilidad, ¿compra algo más?