Tramadol y pregabalina: el uso recreativo de dos fármacos que nadie vigila
El tramadol, un opioide sintético, y la pregabalina, un antiepiléptico, se han convertido en sustancias de abuso en ciertos círculos. Aunque están aprobados para el dolor neuropático y crónico, su potencial recreativo es cada vez más comentado en foros anónimos. Una dosis de 150 mg de tramadol puede producir un leve efecto similar al MDMA, según algunos testimonios, mientras que la pregabalina, conocida como Lyrica, provoca una embriaguez comparable a varias cervezas, con sensación de bienestar y desinhibición. En España, el consumo de estos fármacos con receta es elevado, pero el fenómeno del 'dronjarse' con ellos pasa desapercibido para las autoridades sanitarias.
El perfil del consumidor: del dolor crónico al recreativo
Parte de los que toman tramadol o pregabalina lo hacen por prescripción médica para dolencias como lumbalgia, cervicalgia o fibromialgia. Sin embargo, algunos descubren que, a dosis más altas, la sensación analgésica se transforma en euforia ligera, mayor sociabilidad y un subidón de energía. Un testimonio describe cómo el tramadol le permite trabajar horas sin cansarse y hasta conducir de noche, aunque reconoce que solo lo usa ante dolores insoportables. Otro relato cuenta que una dosis de 100 mg combinada con hierba produjo una sensación placentera. Pero también hay quien lo probó para el dolor de espalda y sufrió dos días sin poder levantarse, jurando no volver a tomarlo.
Efectos secundarios y riesgos ignorados
Los efectos secundarios son variados y, en muchos casos, severos. El tramadol provoca vómitos, diarrea y estreñimiento severo, boca seca, pérdida de peso y, a largo plazo, dependencia. Un usuario que lo tomó durante dos semanas por una operación describió el síndrome de abstinencia como infernal: un mes sin poder dormir más de dos horas seguidas. La pregabalina, por su parte, causa alucinaciones vagas, fallos severos de memoria y mareos. Con dosis de 300 mg, el mareo obliga a meterse en la cama. En el Reino Unido la apodan el 'six pack' porque embriaga como varias cervezas. En España, donde está recetada a gran parte de la población, este efecto apenas se menciona.
El debate sobre la peligrosidad: ¿comparación con el fentanilo?
En el cruce de experiencias, algunos alertan de que el tramadol es un opioide y que puede llevar a la adicción. La frase que se repite: 'no es nada recomendable tomarlo si no quieres terminar mendigando fentanilo'. Otros lo comparan directamente con la sustancia ilegal sintética. Sin embargo, también hay voces que matizan: en dosis bajas y bajo control médico, la pregabalina cumple su función para el dolor neuropático. El verdadero problema, según muchos, es que la facilidad de obtener estos fármacos con receta y la falta de conciencia sobre su potencial adictivo generan un caldo de cultivo para el mal uso.
Un fenómeno subterráneo que merece atención
Más allá de las anécdotas, el consumo recreativo de tramadol y pregabalina plantea una cuestión sanitaria que las estadísticas oficiales no capturan. No hay campañas de prevención, ni alertas tempranas. Quienes lo toman por placer lo hacen a escondidas, a menudo combinándolo con otras sustancias como hierba o anestésico ilegal, multiplicando los riesgos. Mientras el sistema sanitario receta estos fármacos a cientos de miles de pacientes, una minoría los desvía hacia un uso recreativo que, de momento, se discute en la penumbra de internet.
El dato que descoloca: un testimonio asegura que, tras dejar de tomar pregabalina, sufrió insomnio durante un mes entero. La dependencia es real, aunque apenas se hable de ella.