Por qué los drones no apagan incendios forestales
Mientras los drones se usan para repartir paquetes, grabar bodas o incluso detectar dónde hacer tus necesidades en el campo —según la última ocurrencia—, la extinción de incendios sigue confiada a helicópteros y aviones. La idea de lanzar enjambres de pequeños drones con agua suena bien en un tuit, pero la física se impone.
Un dron comercial carga entre 5 y 20 litros. En un incendio forestal, esa agua se evapora antes de tocar las llamas. El frente de calor y las corrientes ascendentes —que ya hacen bailar a helicópteros de 10 toneladas— volatilizarían cualquier dron ligero. Las turbulencias los harían incontrolables, con riesgo de colisión. Como dice un análisis, se necesita un chorrazo gordo, no una llovizna.
En Estados Unidos ya recurren a Boeing 737 convertidos en tanqueros, capaces de soltar decenas de miles de litros en una pasada. La propuesta de los drones, por ingeniosa que parezca, choca contra las leyes de la termodinámica y la logística. A veces, la vieja escuela sigue siendo la única escuela.