Un convicto de Wagner, ejecutado a martillazos tras desertar a Ucrania
A Yevgeny Nuzhin, nacido en 1967, no le sirvió de nada cambiar de bando. Según los usuarios que abrieron el hilo, el
Grupo Wagner publicó en su canal de Telegram,
Grey Zone, un vídeo en el que el que fuera su prisionero aparece ejecutado con un martillo por sus antiguos camaradas. Nuzhin había aceptado unirse a la organización mercenaria rusa a cambio de salir de prisión, donde cumplía una condena de
24 años por un doble asesinato, según el relato difundido en el foro. Desertó a Ucrania el 4 de septiembre. Dos meses después ya estaba de vuelta en manos rusas.
El material del vídeo muestra dos momentos separados: el cautiverio en Ucrania —con un Nuzhin que reconoce ante la cámara haber completado su plan de cambiar de bando— y los instantes finales. En su mensaje, el propio condenado apunta haber sido interceptado en las calles de Kiev el
11 de noviembre, golpeado en la cabeza y trasladado a un sótano donde le comunicaron que iba a ser juzgado.
Quién era Yevgeny Nuzhin
Nuzhin había servido en el Ministerio del Interior ruso antes de ser condenado por un doble asesinato, al que la justicia sumó
cuatro años más por un intento de fuga, según un participante que cita su artículo en Wikipedia. Pasó los primeros años de condena en campamentos de rigor especial en el norte de los Urales y luego en la prisión IK3, en Riazán, siempre según ese mismo relato.
La organización vinculada a Yevgeny Prigozhin ha nutrido sus filas con internos a los que ofrecía la libertad a cambio de combatir en el frente, de acuerdo con los participantes del hilo.
El martillo como firma del Grupo Wagner
La ejecución con una maza no parece un método improvisado. El propio canal
Grey Zone difunde este tipo de imágenes, y la organización, según se ha relatado en el hilo, alardea de ajusticiar a sus propios hombres de esa manera. Un participante recuerda un precedente de 2017, durante la guerra de Siria, cuando un vídeo mostró a integrantes del grupo ejecutando a martillazos a un combatiente sirio.
Según otro usuario, Dmitry Utkin, señalado como uno de los miembros fundadores, aparece en fotografías con tatuajes vinculados a las SS y junto a Vladimir Putin.
El coste para la imagen internacional
La difusión del vídeo reabrió el viejo debate sobre la utilidad real de estos métodos. En un ejército regular, la ejecución de un traidor se resuelve habitualmente con un fusilamiento. Utilizar un martillo y grabarlo para su publicación añade un componente que, más que amedrentar al adversario, refuerza la sensación de que Wagner opera al margen de cualquier norma escrita o no escrita.
Hay quien sostiene que se trata de un simple mensaje interno: el desertor que se pasa al enemigo será encontrado y ejecutado, incluso si se cree a salvo en Kiev. En contra pesa el argumento contrario: para Moscú, cada vídeo de este tipo es una pieza más del relato que la presenta como una potencia que se comporta como un cártel del narcotráfico. El mensaje al desertor y el mensaje al mundo viajan en direcciones opuestas.
Intercambios de prisioneros y el destino de los convictos
El caso deja una pregunta abierta sobre el circuito del canje. Una de las versiones sostiene que las fuerzas ucranianas no tenían interés en alimentar y mantener a un condenado por asesinato y lo devolvieron en un intercambio, supieran o no lo que le esperaba. Esa hipótesis implicaría un cálculo frío: entregar a un prisionero cuya ejecución generaría un daño reputacional a Moscú.
La otra versión apunta a una captura directa en territorio ucraniano por células del propio grupo, extremo difícil de verificar y que alimentó toda clase de especulaciones.
Qué revela el caso sobre el reclutamiento penitenciario
Según los participantes del hilo, a lo largo del conflicto se han dado varias deserciones de combatientes rusos al bando ucraniano, presentadas por el aparato de seguridad como una traición imperdonable. La publicidad que se da al castigo sería, precisamente, su verdadero propósito.
La pregunta incómoda es si todo esto ayuda a la causa rusa. Difícilmente. La imagen de una organización privada ajusticiando a sus propios hombres con una herramienta de obra no figura en el manual de ningún ejército que se pretenda civilizado. Nuzhin, con su cadena de decisiones desafortunadas, terminó siendo el ejemplo más gráfico de hasta dónde llega esa lógica. Y el vídeo, ya viral, sigue circulando.