Ceuta, ¿oportunidad de negocio o espejismo de la frontera sur?
Quien ve en Ceuta una oportunidad de negocio llega tarde. La frontera sur acumula flujos migratorios constantes, economía informal y una frase hecha: “donde muchos ven desgracia, yo veo una oportunidad”. Las fórmulas concretas que circulan para monetizarla van de lo burdo a lo surrealista, y la mayoría choca contra un muro: ya hay cien moto-taxis en la ruta a Algeciras.
El recetario de la frontera: del tabaco a la croqueta
Las ideas van de lo tradicional a lo estrafalario: vender tabaco, pastillas del día después, una franquicia de cucuruchos de jamón o abrir un bar, porque “eso siempre es negocio”. La única propuesta con cifra concreta es el moto-taxi acuático entre Ceuta y Algeciras, pero ya hay alrededor de un centenar de operadores. O sea: saturación.
La sombra de las ONG sobre el comercio local
El análisis más lúcido del conjunto también es el más demoledor: marcas y ONG regalan móviles, sudaderas, gafas de sol y preservativos. Pregunta retórica: ¿qué puedes vender que no regalen gratis? La respuesta incómoda es que el único negocio viable pasaría por cobrar a esas marcas por campañas en contra. Poco edificante, pero muy del gusto de la economía de la indignación.
La conclusión práctica: quien llegue a Ceuta con prisa por ganar dinero se encontrará con un transporte copado, un comercio de cercanía asfixiado por la ayuda humanitaria y un cinismo ambiente que convierte incluso a las ONG en posible disfraz de negocio. Si algo va a mover dinero en la frontera, serán los intermediarios de la polémica, no los vendedores de última hora.