El Rey ante el barro: a la fuga de las cámaras o simplemente innecesario
Mientras decenas de voluntarios, entre ellos figuras públicas como Rafa Nadal, se enfundaban las botas para limpiar el barro de las inundaciones que arrasaron Valencia, una pregunta recorría las redes: ¿dónde está el Rey? La ausencia del monarca en las primeras horas de la catástrofe desató un debate sobre el papel de la Corona en emergencias.
Algunos argumentan, con razón, que el jefe del Estado no tiene poder ejecutivo y que su presencia no cambiaría los rescates. Pero la comunicación institucional tiene su peso. Mientras la gente veía a ciudadanos anónimos y a celebridades como Nadal con la pala, la Casa Real guardaba silencio. Horas después, se filtró que el Rey viajaría a Valencia para «sacarse unas fotos», según el comentario más repetido. El gesto, más que calmar, encendió la ironía: ¿es suficiente con personarse cuando las cámaras ya están montadas?
«La realeza es un adorno carísimo que no sirve ni para echar una mano», resumía el sentir de una corriente crítica, mientras otros recordaban que el Rey no gobierna y que convocar a la Guardia Real sería un gesto vacío. La controversia reabrió el eterno debate sobre la utilidad de la monarquía en una democracia moderna.
La Corona cuesta millones al año. Para muchos, su función es puramente representativa, y eso incluye estar donde se espera que esté. Si para limpiar el barro hacen falta botas, para calmar a la opinión pública a veces basta con aparecer a tiempo.