Grasa acumulada o cuerpo acostumbrado: el hilo se parte
Africatwin abre con dos palabras: en la barriga. En menos de veinticuatro horas el hilo tiene dos bandos y una pelea que se repite cada tres mensajes —engordar antes del colapso o acostumbrar el cuerpo a la escasez—, mientras la parte práctica se enreda en bidones enterrados, balsas de purines y una puerta blindada.
Qué se ha sabido
Breadface pone cifra a la teoría de la barriga: un sobrepeso saludable de
+5 kg ganado con grasas buenas, cantidad que él mismo sube después a
±10 kg a conciencia. midelburgo detalla su plan: de
3 a 30 bidones de 30 litros de cierre estanco, llenos de comida y herramientas variadas, enterrados por el monte baldío, y añade un servicio: quien haga el mapa del tesoro se lo manda y él le dice si ha elegido bien los sitios. Saludable-13 aporta el detalle del olfato: rociar de orina la zona enterrada para que los animales no escarben, y señala las legumbres secas como lo que más desapercibido pasaría. Tagghino apunta un agujero grande con un container dentro y entrada pequeña. Cagüendios sentencia que se puede cerrar.
LuismarpIe cita a un superviviente de entornos hostiles para defender lo contrario: con un par de litros y un entorno seco, sostiene, lo mejor es no beber nada en
24 horas para que el cuerpo comprenda que no hay agua y reduzca al mínimo la pérdida. Abu_lense aparece solo a decir que venía a lo mismo que Saludable-13. Vanderwilde cuenta que acaba de poner una
puerta de grado III en la calle y que va a montar aquello como un búnker. Todo, entre el 21 y el 22 de septiembre de 2026.
Dónde está la bronca
El choque es Breadface contra LuismarpIe, y va de metabolismo. Breadface sostiene que con más porcentaje de grasa hay más de dónde tirar en ausencia de ingesta y trae el ejemplo de los animales salvajes, que se sobrealimentan tras cada caza pensando en la hambruna que viene. LuismarpIe responde con los campos de concentración y con la habituación: el cuerpo acostumbrado al exceso se vuelve ineficiente, desaprovecha lo que no necesita y, cuando se cierra el grifo, pierde peso más rápido que el que ya venía comiendo poco. «Si comes el doble de lo normal no terminas pesando el doble», escribe. Breadface no se mueve un milímetro: «Si tengo más porcentaje de grasa y mi cuerpo la consume correctamente tento más tirada que un escuálido.» LuismarpIe lo zanja en nueve palabras: «Eso es irrelevante para que tu plan sea nefasto.»
La segunda bronca es la obra civil, y es la que más mensajes se lleva. LuismarpIe pregunta dónde se cava ese agujero sin que nadie se entere, con qué herramientas, y recuerda que el terreno baldío es duro y que a los
30 cm aparece una roca o un amasijo de raíces. Después ataca la rutina del que come de su propio escondite: quitar la leña, sacar la lata, volver a colocarlo todo, echar repelente otra vez. Y el detalle que remata: basta que alguien te vea tirar una lata de melocotón en almíbar para que el escondite deje de ser un secreto. midelburgo contraataca con una balsa de purines —ahí no mira nadie, y de paso te pones en forma sin pagar gimnasio—. LuismarpIe le devuelve el problema del olor, de las visitas repetidas y de los bidones abiertos y cerrados una docena de veces.
Los plazos que se barajan
midelburgo calcula
dos o tres meses antes de que la cosa se ponga chunga. LuismarpIe va más rápido: con el plan de engordar, dice, «en un mes estás como el resto, pero con más hambre». Breadface cierra su intervención con una predicción personal: a iguales condiciones de privación del alimento, entre él y su interlocutor, «tu mueres primero». Sobre el que se quede en una ciudad densa sin espacio para cavar, Tagghino es expeditivo:
al minuto 1, dado por muerto.
Qué cambia respecto a antes
Entra un frente que nadie había puesto encima de la mesa: las requisas. Saludable-13 suelta que tanto prepariacionismo y se olvida lo más importante, que no te quiten la comida. LuismarpIe responde que la comida te la van a quitar igual y que hay que jugar otras cartas. Entra también la defensa física de la casa, con la puerta de grado III de Vanderwilde, que abre un asunto que el hilo no había tocado: proteger el sitio antes que esconderlo. Y queda una oferta abierta, la de midelburgo revisando mapas del tesoro, sin que de momento nadie haya dicho que le manda el suyo.